El primer recuerdo de Roberto Iglesias fue «con una tiza en la pizarra haciendo garabatos». Pinta desde siempre, pero ha sido ahora cuando ha decidido ir dejando su trabajo vinculado a la industria siderúrgica para dedicarse al arte. Expone hasta el 30 de enero en el Centro Asturiano.
-¿Cuál es su estilo?
-Es pintura figurativa.
-¿Su maestro?
-Soy autodidacta, aunque todos nos fijamos en los grandes.
-¿En quién se fija usted?
-Sorolla para mí es lo máximo de la pintura impresionista y figurativa. Yo pretendo algo parecido.
-¿Qué?
-Captar la luz. En mi pintura la luz tiene un papel importante, que te deja sensaciones más utilizarla como reflejo de un sentimiento.
-Descríbame la gama de colores que utiliza
-La típica de Asturias: grises, verdes. La luz está influenciada por la niebla. Cuando sales a la meseta tienes que cambiarla.
-Sobre todo pinta paisajes.
-Es lo que más me gusta y con lo que más disfruto. Me inclino por rincones rurales porque ahora la teja plana gana terreno a los tejados antiguos.
-¿De algún lugar en particular?
-Hay rincones de toda la provincia: Tazones, Avilés, Luarca, Bueño, Teverga. También tengo un atardecer de las Meninas de Valdés, de cuando estuvieron en Oviedo, y algunos cuadros de la Catedral, del Campoamor, de San Miguel de Lillo.
-¿Que la exposición sea en Oviedo ha influido para que traiga desde Avilés estos cuadros?
-Normalmente tratas de buscar una obra que tenga relación con el lugar, tratando de buscar un mercado y que encuentren algo cercano.
-¿Y cómo está el mercado?
-Está fatal. La economía está pachucha y se mira mucho por el dinero en cosas necesarias. El arte está en un segundo lugar. Hay bastante crisis en el arte, pero vendrán tiempos mejores.
-¿Pinta sobre el terreno o en su estudio?
-En verano y primavera es muy satisfactorio salir con el caballete. Buscas una sombra, un rincón, es una experiencia preciosa. Pero la mayoría del tiempo tienes que vivir de los apuntes.