El Gobierno y CiU advirtieron al PP de que su negativa a sumarse al acuerdo sobre la reforma del Estatuto de Cataluña le invalida como partido con aspiraciones de gobernar. El líder nacionalista fue muy explícito: «Quien no se sume al acuerdo en España queda fuera del futuro». Artur Mas hizo esta reflexión tras la reunión que, junto a Josep Antoni Durán Lleida, mantuvo con José Luis Rodríguez Zapatero para escenificar el pacto.
Fue un encuentro breve, apenas una hora, pero propició la ansiada foto de los dos líderes de CiU con el jefe del Ejecutivo a las puertas de La Moncloa. La reunión no tuvo mayor sustancia pues todo lo relevante quedó ventilado y sellado en el cara a cara de seis horas que mantuvieron Rodríguez Zapatero y Mas el pasado sábado. Pero de la charla surgió una estrategia compartida: invitar al PP a que se sume al acuerdo estatutario y subrayar que, de no hacerlo, se convertirá en una fuerza sin posibilidades de gobernar España.
Primero fue el presidente de la federación nacionalista con su proclama sobre el futuro político del PP si no se incorpora al consenso. Siguió el secretario general de CiU, quien invitó a los populares a participar en la negociación de las enmiendas al proyecto «con ánimo de llegar a acuerdos» porque «no hay razón para decir que no».
Durán aseguró que sería «una sorpresa» que el partido opositor mantuviera «el discurso electoralista» de rechazar el texto cuando sus gobernantes autonómicos reclaman el mismo autogobierno que ha logrado Cataluña.
El portavoz socialista en el Congreso, Alfredo Pérez Rubalcaba, apremió al PP a cambiar de estrategia porque, a su juicio, el partido liderados por Mariano Rajoy «quiere sacar al conductor del vehículo para que se estrelle, pero nosotros queremos sumarles al coche para ver si todos juntos caminamos hacia delante». Los dirigentes del PP, agregó, «no conocen o no han entendido bien» el acuerdo, porque si lo hubieran revisado «no dirían que España se rompe sino todo lo contrario».
La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, puso el colofón a la sucesión de emplazamientos y confió en que el PP sea «capaz de rectificar» su rechazo y se sumará al consenso porque «nadie lo quiere fuera». Hurgó, no obstante, en las contradicciones internas del partido opositor y reclamó que «se pongan de acuerdo» entre ellos y «triunfen» las tesis «más centradas» del PP catalán, partidario de dialogar para acercar posiciones con el texto acordado por el Gobierno y CiU. La portavoz gubernamental indicó que los socialistas van a hacer «todo lo posible» para lograr el visto bueno del PP.
Como primer paso, Rubalcaba tiene una cita con su homólogo popular, Eduardo Zaplana, para explorar las posibilidades de acercamiento. El presidente del Gobierno, incluso, está dispuesto a entrevistarse con Mariano Rajoy, aunque fuentes cercanas a Rodríguez Zapatero se mostraron seguras de que ese encuentro no va a ser posible por el rechazo frontal del partido opositor al texto estatutario. El PSOE también es consciente de que de la entrevista entre Rubalcaba y Zaplana no saldrá ningún acuerdo por la «soberbia» de los opositores. De cualquier forma, el secretario de Organización, José Blanco, auguró que en un futuro el PP «acabará asumiendo este estatuto» como hizo con el aprobado en 1979, ante el que Alianza Popular se abstuvo.
Centralidad
El encuentro en La Moncloa también sirvió para que CiU oficializase un secreto a voces: sus ganas de convertirse en socio del Gobierno y desplazar de ese lugar a Esquerra Republicana. Artur Mas indicó que esta alianza sería una operación natural porque el PSOE ocupa «la centralidad» política en España y su formación ocupa ese mismo espacio en Cataluña, y es sabido, añadió, que «los partidos en la centralizad hacen los grandes pactos».
El líder nacionalista sólo puso una condición para ese sociedad, que CiU ostente la titularidad de la Generalitat, y si es así su «implicación» en la gobernabilidad de España será «más a fondo de lo que ha sido tradicional». Hasta ahora, los nacionalistas han limitado su colaboración con los distintos gobiernos a pactos parlamentarios puntuales, sin pretensiones de entrar en el Ejecutivo. Durán Lleida, a su vez, consideró que el pacto estatutario abre la puerta a una mayor sintonía con el PSOE.
Cambio de escenario
María Teresa Fernández de la Vega salió al paso de las abiertas insinuaciones para desestimarlas y garantizar la continuidad de los acuerdos con ERC e IU. «No está meditado ni previsto un cambio de escenario» en las alianzas, dijo, aunque en una posterior conversación informal introdujo un matiz temporal: «Hoy no está previsto».
La vicepresidenta quitó valor a las reticencias de última hora mostradas por Esquerra ya que las posturas están «muy cercanas». Rubalcaba y el secretario de Hacienda, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, mantuvieron ayer un encuentro para limar diferencias. En la cita que mantendrán hoy Josep Lluis Carod Rovira y Joan Puigcercós con el presidente del Gobierno se cerrarán los últimos flecos y fuentes gubernamentales dieron por seguro la incorporación de ERC al pacto. «Sus gestos de disconformidad son un ataque de cuernos» por el trato dado a CiU, apuntaron fuentes gubernamentales.
También Mas instó a los republicanos a sumarse al acuerdo y les dirigió la misma admonición que al PP: «Quien en Cataluña no se sume al acuerdo, sin argumentos o por celos o lo que sea, queda fuera del futuro».
La preponderancia otorgada a CiU también suscitó resquemores en la Generalitat, y Zapatero tratará de que las aguas vuelvan a su cauce con una entrevista con Pascual Maragall que pondrá el colofón a esta última ronda de conversaciones y que será la instantánea final del pacto.