Cada año acuden a su cita puntual con la ciudad, provocando con su llegada una mezcla de preocupación, resignación y hartazgo en los vecinos. Desde el pasado mes de noviembre, los estorninos han vuelto a convertir los árboles del parque de Ferrera en sus dormitorios particulares en los que pasar el invierno en la comarca. El ruido de sus graznidos y, sobre todo, la gran cantidad de deposiciones que depositan en las calles adyacentes al parque (con el mal olor que se intensifica los días de lluvia), han motivado este año más quejas que en ningún otro. Es por ello que el Ayuntamiento contratará próximamente los servicios de una empresa especializada para terminar con la plaga. El concejal de Urbanismo, José Alfredo Iñarrea, explicó que la contratación tendrá lugar con toda probabilidad en la segunda semana del mes de febrero.
«En la actualidad, el expediente de contratación se encuentra en fase de tramitación. Estamos tratando de contactar con alguna empresa especializada que nos recomiende una solución al problema para ponernos en sus manos», explicó el edil. Las opciones que se barajan desde el Ayuntamiento son muchas, aunque una de las que suena con mayor fuerza es la utilización de ultrasonidos para ahuyentar a las aves y evitar que aniden en el centro urbano.
Solución tardía
A pesar de la disposición municipal, los vecinos consideran que la medida puede llegar un poco tarde, ya que la plaga suele remitir con la llegada de la primavera o incluso antes, si las temperaturas lo permiten. Sin embargo, esperan que la solución que se adopte contribuya a mejorar la situación de cara a la temporada que viene.
Lo cierto es que, por lo que respecta a este año, el mayor daño ya está hecho. Los efectos de la presencia de los estorninos los sufren como pocos quienes estacionan sus vehículos en la calle del Marqués. Dejar el coche una noche bajo las ramas de los árboles del parque significa arriesgarse a encontrarlo al día siguiente salpicado de deposiciones. Si en vez de una noche se deja alguna más, el reto consiste en encontrar algún hueco de la carrocería que no se encuentre cubierto.
Otros que se quejan de la plaga son los corredores que todos los días utilizan la senda del parque de Ferrera para hacer unos kilómetros, al tener que pasar por tramos llenos de deposiciones. Éstas llegan también a la zona de juegos infantiles, con los consiguientes riesgos para la salud de los pequeños.
Fuera del perímetro del parque, los alumnos del Instituto Juan Antonio Suances se quejan, al igual que los vecinos de las calles cercanas, del mal olor que provoca la presencia de los estorninos.