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Miércoles, 25 de enero de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
Sociedad
A comer, al colegio
Los horarios laborales de los padres obligan a que cada año más niños tengan que acudir al comedor escolar, donde los expertos consideran que se dan menús muy equilibrados
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Cada año aumenta el número de niños que se quedan a comer en el colegio. El curso pasado, las plazas de comedor crecieron en Asturias donde en los últimos tres años la cifra ha ido aumentando paulatinamente y ya son más de 20.000 los escolares que están apuntados a este servicio escolar. Y la tendencia va en alza.

«Es un síntoma de los tiempos que corren», explica Enrique Arranz, catedrático de Psicología de la Familia. La falta de tiempo para cocinar y la distancia entre el trabajo, el domicilio y el colegio hace que «sea más sencillo» recurrir a los comedores colectivos, que cocinar en casa.

«Algo que se evidencia también en el aumento de los centros para niños de hasta tres años», añade Arranz. Así, este experto considera que se están «institucionalizando las funciones tradicionales de la familia» como consecuencia «de un modelo laboral que no siempre asume las necesidades familiares». De hecho, el Gobierno central ha comenzado a sondear la posibilidad de realizar cambios en los horarios de trabajo con el fin de hacer más compatible la vida laboral y familiar.

Pero no todo debe tener una visión negativa: «El contacto precoz con los compañeros ayuda a la socialización de los chavales. Siempre aprenden unas pautas de comportamiento y eso es bueno». Sin embargo, es importante poner límites. Los menores «se encuentran a medio camino entre la escuela y el hogar. «Y a veces resulta que el colegio espera que los límites se impongan en casa y viceversa».

Una idea con la que coincide Javier Aranceta, presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria. A su juicio, los menús de los comedores, «al tratarse de comida institucional, tienen que ser perfectos. En ocasiones, los encargados del comedor piensan: 'Lo que no come aquí, ya lo comerá en casa' y en casa, por contra dicen: 'ya se lo darán en el colegio'».

Para evitar esta indefinición la Consejería asturiana de Educación y Ciencia, a través de su Dirección General de Ordenación Académica e Innovación, redactó en el año 2004 las directrices que tienen que seguir todos los menús escolares. Bajo el título de 'Hábitos de alimentación y consumo saludable' justifica la necesidad de educar en la mejora de las costumbres nutricionales del alumnado. Además incluye interesantes proyectos y experiencias didácticas de distintos centros asturianos muy comprometidos con la idea de fomentar una buena salud alimentaria en los escolares. . La guía, que ha tenido que ser reeditada por su elevada demanda, fue realizada en colaboración directa con la Consejería de Salud y Servicios Sanitarios y, sobre todo, con la Agencia de Sanidad Ambiental y Consumo.

Evolución y controles

Hasta los años ochenta, cada centro tenía su propia cocina que funcionaba autónomamente. Sin embargo, en los últimos años se ha dado un cambio paulatino hacia un sistema 'de gestión directa', dirigido por la Administración y donde el servicio es prestado por empresas homologadas, que controlan todo el proceso: desde suministrar las materias primas a los colegios donde aún se cocina y contratar al personal que trabaje en esos fogones hasta elaborar los menús que se distribuyen en las escuelas que sólo tienen comedor.

«Nosotros repartimos desde la central unas 1.800 comidas al día», dice Eduardo Crespo, jefe de Área de Serunión, una de las empresas de restauración colectiva. Para ello «seguimos a rajatabla las directrices de Educación y contamos con un conjunto de menús aprobados previamente por la Universidad de Navarra», asegura este empresario. Además, a principio de curso los platos elaborados por los expertos en nutrición de las diferentes compañías son «aprobados por el consejo escolar de cada centro, del que forman parte los padres», aclara.

Según la normativa autonómica, los menús infantiles -de los que toda la información nutricional se envía a los padres de forma trimestral- deben estar compuestos por un primer plato, cuya denominación nunca debe inducir a engaño, un segundo y un postre. Así, la comida del mediodía debe aportar el 30% del gasto energético diario, unas 1.000 kilocalorías de las 3.000 que gasta un chaval de 15 años. Y, el porcentaje de lípidos, hidratos y proteínas también está reglado (50%-60% de hidratos; 10%-15% de proteínas; 25%-35% de lípidos).

Aunque según apunta un portavoz de la Consejería de Educación : «Lo interesante es que los padres conozcan qué se ha servido ese día y puedan complementarlo en la cena. Si se ha comido carne, pues cenar pescado con ensalada y viceversa».

El médico experto en alimentación, Jesús Bernardo advierte de que los padres no pueden delegar la alimentación de sus hijos en los centros escolares. «Es fundamental, es su responsabilidad informarse de qué comen para aportarles una alimentación equilibrada». Bernardo ha analizado los menús propuestos en los centros escolares asturianos y ha encontrado al menos dos pegas: «Por un lado, no sabemos con qué tipo de grasas se cocinan esos alimentos porque ese detalle no aparece en los menús. Además, hay colegios en los que el pescado no aparece en ninguno de los menús de la semana y no sólo eso el pescado azul, que es el más importante para la dieta del niño, ni siquiera se tiene en cuenta».

A pesar de ello, por norma en el colegio, dos días por semana se comerán legumbres; tres, verduras, pasta y arroz. El segundo plato debe ser de carne tres de cada cinco veces. El resto de los días comerán pescado y huevos, según datos facilitados por el Principado. En cuanto al gran caballo de batalla de la alimentación infantil, el postre, sólo deberían ofrecerse lacteos y frutas.

Faltan frutas y verduras

¿Pero, están bien alimentados nuestros hijos? «Podemos darles un ocho a nuestros comedores», opinan los expertos. No obstante, hay puntos donde incidir «para llegar al diez». Los jóvenes no comen la suficiente fruta y verdura. Se debe ingerir cinco piezas como mínimo al día, por ello sería interesante una norma «por la que el postre siempre fuera yogur o fruta o las dos cosas a elegir», comenta el nutriólogo Jesús Bernardo.

Por otra parte, «ahora al comedor sólo se va a comer y lo interesante es que sea un aula más. Un recinto al que se vaya a comer y a aprender», destaca Javier Aranceta, presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria.

Una rutina que está bastante extendida en otros países europeos, donde se incluyen prácticas en los comedores para que los chavales aprendan por qué cada tipo de alimentos es importante para ellos. Otro de los conceptos que se impone ahora en los comedores de la Europa comunitaria es el 'slowfood' ('comida lenta').

En contraposición a la cultura de la comida rápida, los colegios que lo aplican intentan que los niños aprendan a comer más despacio. No se sirve el segundo plato hasta terminar bien el primero y nadie abandona la mesa mientras algún compañero siga comiendo. «Se trata de inculcarles una forma de enfrentarse a la mesa. Los niños tienen que aprender a disfrutar de la comida y una cultura gastronómica que, a medio plazo, trasmitan a sus padres para que puedan completar su alimentación de una forma más eficiente», resume Aranceta.

No debe olvidarse que la del colegio es sólo una de las cinco comidas que debe realizar un niño. Desayuno, aperitivo, comida, merienda y cena.



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