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Jueves, 26 de enero de 2006
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Las voces salvan una arriesgada concepción teatral de 'La favorita'
'La favorita' viaja de la Edad Media a un tiempo moderno a través de una apuesta escénica arriesgada que no gustó al público del Campoamor
EL CORO. El vestuario de las jóvenes deja a las claras que Tomás Muñoz apostó por una estética alejada del original. / JESÚS DÍAZ
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De una visión romántica, idealizada y tópica de la Edad Media a un tiempo abstracto, con referencias que parecen sugerir los años cincuenta del siglo XX. Eso es, tal vez, el primer impacto, la primera impresión que el espectador recibe nada más levantarse el telón de cada acto. A veces una sorpresa un poco cuestionable, como en la escena segunda del primer acto, que se desarrolla sobre el balneario de una playa. Pero más allá de la imagen, en la ópera mandan las voces, protagonistas de la función de anoche, último estreno de la temporada ovetense.

Cambiar el escenario, modificar el tiempo, trasladar a los personajes desde una época a otra, algo bastante frecuente en los directores de escena, no es, a priori, ni bueno ni malo, siempre que se cumplan tres preceptos: el primero, que no enturbie ni incomode a las voces, al final los primeros protagonistas de óperas belcantistas como 'La favorita'. El segundo, que estas modificaciones aporten algo, bien en la intensificación de los caracteres de los personajes, bien en el enriquecimiento plástico y las sugerencias poéticas, bien en la claridad de la acción. Y, finalmente, que no caiga en el ridículo, lo grotesco o la mera caricatura. Si estos preceptos no se cumplen, la representación podrá tener, en el mejor de los casos, originalidad, pero no aportará nada nuevo.

La concepción escénica de Tomás Muñoz omite las referencias concretas espaciales y temporales en las que se enmarca la obra, el siglo XIV y algunos lugares de España. Nada nos hace presumir que, por ejemplo, la acción del segundo acto trascurre en los jardines del Alcázar de Sevilla. Por otra parte, más que en un fondo de pasión humana de los cuatro personajes principales de 'La favorita', Leonor, Fernando, Alfonso y Baltasar, Muñoz parece centrarse en una especie de juegos de contrastes (sagrado, profano; libertad, poder; amor mundano, amor ideal; monje, noble) que recorren la obra. Elementos simbólicos como el marco dorado, que simboliza el poder establecido frente a la arena o la libertad; citas cinematográficas o referencias al nacional-catolicismo confieren a esta 'Favorita' una carga conceptual, pero ¿enriquece a la ópera? La respuesta para el público que ayer llenó el teatro fue un 'no' claro y contundente.

Hasta el segundo acto, la escenografía fue pasable, pero el tercero fue muy confuso, estático y perjudicó notablemente la labor de los cantantes, de forma especial del ária 'Oh Fernando' de Leonor. De hecho, un espectador lo expresó gritando «la escena es un desastre».

'La favorita' es sobre todo, una fiesta musical del belcanto. Los aspectos escénicos y teatrales del melodrama pasan aquí a un segundo plano ante el protagonismo musical. La versión italiana omite los ballets y danzas propias de la versión francesa, lo que confiere mayor protagonismo a la orquesta y a las voces.

Roberto Tolomelli, al frente de la Orquesta de Cámara Ciudad de Oviedo, nos da una interpretación muy dentro del estilo romántico, pulcra, movida y expresiva. Ya la obertura fue bastante aplaudida por el público. Por otra parte, resalta y acentúa las líneas melódicas del canto sin taparles o estorbarles. Es un gran director de orquestas de ópera y ayer lo demostró.

Buenos coros

Los coros en 'La favorita' desempeñan una función de primer orden, tanto en sus entradas concertantes con los solistas, como en los papeles de monjes, novicios, damas de honor o peregrinos. El Coro de la Ópera de Oviedo se entremezcla en la acción con acierto y corrección. De los concertatos, la primera intervención de las voces blancas acompañando a su Susana Cordón (Inés) fue de un empaste sublime. Muchos pensamos que el público no aplaudió en este caso porque estaba en desacuerdo con la escenografía. El coro de voces viriles que abre la ópera en el rol de monjes sorprende por lo compacto y lo expresivo.

'La favorita es una ópera de solistas. Las voces de los protagonistas principales constituyen los pilares principales de las obras. Y en este sentido, no defraudan. El gran triunfador fue indudablemente José Bros, en el papel de Fernando. Ya su primera romanza, 'Una virgen, un ángel', se recibió con ovaciones y bravos. Tiene un agudo penetrante y limpio, un timbre muy lírico, seguridad en la línea, acentuación precisa y una voz muy apropiada para estos papeles belcantistas.

Por su parte, Stefano Palatchi, en el papel de Baltasar, se convirtió en un contrapunto preciso, rotundo, al lirismo de su compañero. Su voz tiene profundidad de timbre, seguridad y, sobre todo, una contundencia muy apropiada al papel. Lo mejor de su actuación de anoche, el final del segundo acto, donde su papel es ya tétrico y profundo como requiere el momento.

Un papel logrado

El barítono Stefano Antonucci, por su parte, tuvo una entrada muy buena, con la primera romanza. Su voz está muy bien timbrada y hace un papel muy logrado. Susana Cordón asumió su papel de soprano ligera, brillante en el primer acto.

La mezzosoprano Dolora Zajick fue sin duda a la que más perjudicó la dirección escénica, ya que distrae al espectador del lirismo de su papel como Leonora. La norteamericana estuvo discreta, debido a una afección catarral. Pese a todo, la mezzosoprano conservó hasta el final una discreta línea de canto, incluida la plegaria final que cierra 'La favorita'.

Al final, hubo aplausos para los cantantes, el director de orquesta y el coro, y pateo para el director de escena.



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