Agustín Ibarrola se viste como el paisaje que le envuelve. Jersey de lana, casi del color de sus piedras, y pantalón de pana del mismo tostado que la tierra, parecen mimetizarle con el invierno. A su edad, mantiene una mente lúcida y rápida, planta atlética y los ojos inquietos. Es un niño de 75 años que regala sonrisas juguetonas, mientras habla. Un artista con un ambicioso proyecto entre manos, repletas casi siempre de 'titanlús', como dice él. Ahora vuela de Oma a Ávila. Cuando llegue el verano su viaje tendrá otro rumbo, Llanes.