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Viernes, 27 de enero de 2006
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CUENCAS
ANÁLISIS
Armas y letras
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Sostiene Gustavo Bueno la tesis de que no hay guerras justas o injustas, sino prudentes o imprudentes. Y uno, que tanto ha aprendido del autor de 'El mito de la cultura', se queda un poco pasmado, casi como Felipe IV (léase la novela de Torrente Ballester). La prudencia ante la guerra vendría determinada por la perdurabilidad del Estado (eutaxia), y la imprudencia se mediría a posteriori, dependiendo de las consecuencias.

Nos faltaría ahí saber cuánto rato hemos de esperar para decidir el grado de imprudencia de los gobernantes. Porque, seguramente, hasta que se cayó el Muro de Berlín, la Unión Soviética y sus satélites debían gozar de una eutaxia magnífica. Y la copiosa venta de manuales de filosofía del profesor Bueno en la Alemania del Este por aquel periodo, debía estar incluida en ese equilibrio de lo realmente existente.

Ahora, tal vez hayamos de aguardar a que las mil y una noches de guerra en Bagdad terminen como el rosario de la aurora para que se corrija el punto de mira argumental que apoyó la invasión de Irak. De momento, el precio del petróleo -sacrosanto pretexto del orden capitalista al que se acudió- no hace más que dispararse en medio de los disparos.

La idea es que las armas son superiores a las letras, texto que don Gustavo recoge de 'El Quijote' y que también podría haber rescatado de Homero, quien en 'La Iliada' se burla del pacifista Tersites con la misma gracia que nuestro filósofo lo hace del 'pensamiento Alicia' de Rodríguez Zapatero. Aunque hay algunas diferencias, porque para ser presidente de Gobierno en una nación tan estupenda como España, algunas dosis de realismo se habrán de tener. Puede que incluso más que aquellos que viven en estado de teoría pura.

Al final, ocurre lo que en Menasa, que después de poner a parir al consejero de Industria por parte de quienes también dan por supuesto que el enemigo está en todas las esquinas -aunque algunos de ellos no serían capaces de leer una página del profesor, lo que demuestra que los extremos se tocan-, ahora no sé qué demonios van a decir tras presentarse un plan de soluciones que incorpora el pago de los salarios atrasados.

El mundo es como es, qué duda cabe. Lo que pasa es que la dialéctica histórica que lo transforma no se relaciona siempre con la mala voluntad.

Ni con la guerra.



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