El Ministerio de Fomento destaca la ausencia de incidencias en el 99,7% de perforaciones que hasta el momento se han realizado en Gijón con motivo de las obras del metrotrén. El dato lo aportó un ingeniero suyo, el gijonés Manuel Ruiz de Velasco, que dirige el proyecto ferroviario y que ayer acompañó a una delegación vecinal en una visita por los 2,5 kilómetros de túnel ya ejecutados entre Bernueces y la calle del Doctor Bellmunt.
Ese pequeño margen de error son los escapes de agua, gas y espuma -incluido el corte de líneas telefónicas- que han provocado las catas en superficie realizadas. Ruiz de Velasco justifica estos pocos fallos en el hecho de que «las conducciones subterráneas en las ciudades se acometen en varias fases y la cartografía no es exacta».
El técnico del ministerio centró sus esfuerzos en explicar a los representantes vecinales las múltiples medidas de seguridad -auscultaciones, tratamientos especiales del terreno, y planes de emergencia en el interior del túnel- con que se trabaja para evitar daños en los edificios afectados por el trazado ferroviario, que está sembrado de sensores geológicos.
Manuel Ruiz de Velasco descartó la posibilidad de que se pueda producir un derrumbe como el ocurrido en el barrio barcelonés de El Carmel por el propio sistema de tunelación. Recordó que 'Noega' es un dispositivo de alta precisión y «extremadamente seguro», ya que realiza casi de manera simultánea la excavación, la colocación de dovelas y la inyección de mortero entre éstas y el terreno. Los sistemas de control de la máquina además -expuso- analizan en todo momento 276 parámetros distintos sobre las condiciones de trabajo.
La penetración del ingenio mecánico en la zona de antiguas lagunas desecadas del Humedal no será tampoco un problema, porque según el ingeniero la excavación se realizará en sustrato de rocas a más de 20 metros de profundidad de la cimentación de los edificios.
El estudio del subsuelo de Gijón para el metrotrén -recalcó- requiere cálculos matemáticos de ordenadores de última generación que tardan en procesarse entre 24 y 36 horas. Todo ello a partir de la información que se obtiene con los sondeos y que se actualiza de continuo.
Respecto al control del efecto de las obras en los edificios explicó que se utilizan calibres micrométricos para medir la abertura de grietas que se hayan detectado antes de comenzar la excavación. También se usan sismógrafos para estudiar las vibraciones, sonómetros para el ruido e instrumentos para medir el polvo en suspensión.
Sobre el material extraído del subsuelo gijonés, el ingeniero afirmó que es un mezcla de barro y rocas inocuo para el medio ambiente y que la espuma usada en la cabeza de corte es «biodegradable».