Había pasado toda la tarde en casa, sentado en el salón. A primera hora, recibió la visita de rigor de su hermano gemelo. Charlaron un rato al calor de una estufa, con el ruido del televisor de fondo. Se despidieron como cada día, poco después de anochecer. Cerca de las siete y media, José Antonio Viesca Fernández se asomó a la ventana de la cocina para pedir auxilio. Sus gritos alertaron al resto del vecindario, que salió a la calle al ver la densa columna de humo que salía del tercer piso, donde residía. Los bomberos le encontraron con un soplo de vida, pero había inhalado demasiado humo. Sus pulmones no resistieron. Los médicos del SAMU sólo pudieron certificar su muerte.
El hermano de la víctima, Manuel Viesca, llegó a la zona de Las Foces, en Viesques, donde se encuentra el viejo edificio, cerca de las nueve de la noche. Varios vecinos del inmueble en el que se produjo el incendio habían ido a buscarle a su casa. Se apeó del vehículo ayudado por su cachaba, asustado por el despliegue policial. «¿Dónde está?», preguntó en referencia a José Antonio. Un agente de la Policía Local le informó de lo ocurrido. «Acabo de estar con él, estuvimos hablando en la salita...», le decía a los vecinos que se congregaron a su alrededor.
En la sala de estar
Según informaron los bomberos, el fuego se originó en la sala de estar. En apenas unos minutos se propagó una densa columna de humo por toda la vivienda. Se sospecha que José Antonio Viesca intentó salir de casa, pero no pudo abrir las dos puertas que separan el piso del portal. Al advertir la gravedad que, por momentos, cobraba el incendio, decidió refugiarse en la cocina, la estancia más alejada del salón. Murió asfixiado.
Las labores de extinción resultaron complejas, debido a las dificultades existentes para acceder al inmueble con los tres camiones desde la calle de Corín Tellado. Además, las llamas comenzaron en el piso más alto, el tercero, a unos 15 metros del suelo, por lo que fue necesario el uso de la escalera para atacar el foco desde dos puntos diferentes, la propia salita y la cocina. Las escaleras interiores, muy estrechas, estaban casi intransitables por el humo. Los bomberos aplicaron unos 2.500 litros de agua para sofocar el fuego y para enfriar las paredes de la casa.
Su hermano Manuel llevaba años intentando que abandonara aquel piso. «Le quería llevar a la suya o, si no, que ingresara en una residencia, pero a este hombre no había quien le sacara de aquí», comentaba ayer Julio Álvarez, su vecino de abajo. El edificio, en el que viven una decena de personas, es uno de los más antiguos de la zona, situado entre una urbanización en obras y el futuro parque fluvial del Piles, en una de las áreas de mayor expansión urbana de la ciudad.
Ateridos de frío
La Policía Local alertó a la sala del 091, que a su vez movilizó varias dotaciones, entre ellas a dos agentes de la Policía Científica, que entraron en el piso siniestrado para tratar de reconstruir los hechos e investigar las causas del fuego. El forense procedió la levantamiento del cadáver pasadas las diez de la noche, mientras los vecinos de la víctima esperaban fuera del edificio, ateridos de frío.
José Antonio Viesca era natural de Pola de Lena, vivía solo. Estaba soltero. Pasaba muchos ratos en casa, pero, sobre todo, en la pequeña huerta que hay frente al inmueble. Muy cerca de este lugar tenía una especie de caseta de aperos en la que guardaba decenas de objetos que recogía en diversos puntos de la ciudad. Al cierre de esta edición, no se había concretado el día ni el lugar en que se oficiará el funeral. ABATIDO. Manuel Viesca, hermano del fallecido, relata a la Policía Local las últimas horas que pasó junto a José Antonio. / P. UCHA