La depuradora de aguas de la dársena de San Juan, del puerto de Avilés, espera una autorización de Medio Ambiente para su puesta en marcha. La instalación, ubicada en la nueva zona de servicios de los muelles, se encargará de tratar las aguas resultantes de la limpieza de las zonas de almacenaje de carbón y otros graneles de forma previa a su posterior vertido a la ría. La Autoridad Portuaria ha solicitado recientemente la autorización para los vertidos a la ría puedan iniciarse de forma normalizada, toda vez que las instalaciones depuradoras garantizan una tratamiento adecuado de los residuos.
Los vertidos proceden de las aguas recogidas por los sistemas de canalización dispuestos en la dársena, tanto procedentes de los procesos de limpieza de los muelles y depósitos de graneles, como las generadas por la lluvia.
Esos torrentes, almacenados en las instalaciones de la depuradora construida por la Autoridad Portuaria, son tratados mediante un proceso de decantación antes de su posterior reutilización. Parte de las aguas serán empleadas para el riego de los muelles, mientras que otras serán vertidas a la ría avilesina, en caso de que se produzcan excedentes.
En el BOPA
Actualmente, y pese a que la depuradora ya está lista para su puesta en marcha, la Autoridad Portuaria de Avilés aguarda a la autorización por parte de la consejería de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio e Infraestructuras, que recientemente ha hecho pública la solicitud a través del BOPA.
La depuradora forma parte de unas instalaciones recientemente construidas y que ya concentran buena parte de la actividad portuaria. De hecho, la zona de servicios y los depósitos almacenan ya un volumen de minerales y graneles que ha sorprendido, incluso, a responsables de la Autoridad Portuaria. Un ejemplo de la actividad que acoge la dársena es la descarga de más de 54.000 toneladas de carbón del turco 'Kiran Asya'.
Los vecinos de San Juan, en las antiguas casas de la Asturiana, volvieron a denunciar ayer los efectos que produce en su entorno la descarga de barcos cargados de carbón. La operación, que duró varias horas, ocasionó una «gran nube de humo negro», según denunciaron los afectados. Además, el polvo en cuestión llegó a las viviendas y a los vehículos que había estacionados en las inmediaciones de la estación de tren. «Y esto no sale con nada más que con vinagre», protestaba la responsable de un bar cercano, que el pasado sábado denunció una situación parecida.