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Viernes, 27 de enero de 2006
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Las capturas de salmón en el Sella recuperan las cifras de hace 25 años
Durante 2005, se echaron a tierra 1.100 ejemplares, cantidad muy próxima a los 1.196 de 1980 Los pescadores constatan un aumento del tamaño de las piezas en las últimas campañas
DE EXPOSICIÓN. Campanu capturado en el río Sella en un establecimiento del concejo de Cangas de Onís. / D. ESPINOSA
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Hay motivos para el optimismo. Tanto las estadísticas como la percepción de los ribereños confirman que algo está cambiando en el Sella. Después de tres años con muy pocas capturas de salmones en este río, el año 2005 ha supuesto todo un cambio. Y es que durante la temporada pesquera se echaron a tierra 1.100 salmones en el Sella, una cifra que se acerca mucho a los 1.196 que se capturaron en 1980. Los pescadores valoran este dato y además confían en que en las próximas campañas la cantidad de salmones se incrementará.

Varias son las causas que esgrimen para avalar que el Sella -y su población de salmónidos- se está recuperando, aunque aún queda muy lejos de los 2.737 que se llegaron a pescar en 1986, un año que fue una excepción si se atiende a los registros de capturas desde 1980, periodo en el que que pocas veces se pasó de los 700 ejemplares por campaña e incluso se llegó a bajar a los 130, balance que dejó el peor año en este ámbito, 1997.

En la comparación con las capturas de 2004, el aumento también es significativo. La campaña pasada se pescaron trescientos salmones más que en ese otro periodo, cuando fueron 803 los ejemplares echados a tierra.

La primera de ellas es el «éxito» de las repoblaciones que se han llevado a cabo. Así lo aseguran en la Sociedad de Pescadores El Esmerillón, que puntualizan en ese sentido que también se ha producido un notable incremento en cuanto a las capturas de salmones marcados.

Respecto a las perspectivas de que la situación mejore, la causa hay que buscarla en la Estación Depuradora de Aguas Residuales de Ricao, que acaba de entrar en funcionamiento y ya da servicio a Cangas de Onís y algunos pueblos de Parres. Esta planta ha acabado ya con los vertidos al Sella de estas áreas y cuando esté a pleno rendimiento hará lo propio con la cuenca del Piloña. La depuradora de Ribadesella también aporta su granito de arena a la hora de que las aguas del Sella vuelvan a ser lo que eran. Y a mejores condiciones en el hábitat, más salmones, argumentan los ribereños. También en el Ayuntamiento de Cangas de Onís comparten esta opinión y esperan que este año comience a notarse y que a corto plazo se vean muchos más salmones en el Sella. Eso sí, queda pendiente que las administraciones den respuesta a una reivindicación que es ya una constante: acabar con el cormorán. Una especie que, mantienen los pescadores, pone en peligro toda la labor de repoblación llevada a cabo.

En cualquier caso, los ribereños también han constatado otro hecho. Un importante aumento del tamaño de las piezas capturadas. Durante la pasada temporada, las piezas se movieron, en general, entre los «cinco y seis kilos» de peso. Mientras que en 2004, los tamaños de los salmones se quedaron entre los dos y tres kilogramos.

No obstante, apuntan con cierta nostalgia, los registros de la última campaña siguen siendo muy distantes de lo que hace años era un «buen salmón», aquellas piezas que no daban en báscula menos de diez kilos. Aún así, el balance es positivo: «Estamos contentos porque vemos que cada vez hay más salmones y de mayor tamaño.

Cares

También se están produciendo incrementos, aunque en menor proporción la estadística en el otro río salmonero de la comarca, el Cares.

La campaña pasada se cerró con 401 ejemplares, mejor que en 2004 (331 capturas), pero muy lejos de la mejor temporada, que fue en 1980, cuando los pescadores echaron a tierra un total de 922 ejemplares.

En esta cuenca ribereña también se percibe un cierto optimismo, después de tres años con capturas por debajo de los 350 salmones. También consideran que son las repoblaciones las responsables de que se incremente el número de ejemplares pescados. Pero en lo que no se avanza tanto es en la recuperación del tamaño. «No son tan grandes como antes», reconocen los pescadores que echan sus cañas desde las orillas del Cares, al tiempo que puntualizan que en este río suelen ser menores que los del Sella. ¿El motivo? La temperatura de las aguas del Cares, inferior a la del Sella.

Últimamente, apuntan, el peso medio ronda los cuatro kilogramos.



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