Los propietarios de la joyería Casaprima, asaltada el lunes al mediodía ante varios testigos, siguen «destrozados». Pero su estado de ánimo no ralentiza los trámites requeridos para la denuncia. Ayer concluyeron el recuento del botín sustraído tras el alunizaje, que asciende a 400.000 euros.
Carlos Casaprima, uno de los dueños del establecimiento, puntualizó que los ladrones se llevaron «sobre 50 piezas de Rolex, cuyo valor va desde 3.000 euros a lo que uno quiera, y varios Patek Philippe, una marca de relojes con precios de 18.000 euros en adelante». El Cuerpo Nacional de Policía recibió ayer el recuento efectuado por los joyeros, que incluye una descripción detallada de todas las piezas, con el número de serie correspondiente.
«Eligen relojes porque es lo más fácil de colocar en el mercado negro, porque un collar lo tendrían que desmontar para que no fuera fácil seguirle la pista», precisa Casaprima. Pero, con las prisas, los asaltantes se llevaron también «algún brillante», arrastrado durante el barrido de las bandejas de los relojes.
Carlos Casaprima se ha puesto en contacto con otros comercios concesionarios de Rolex y comenta que el malestar es general entre ellos. «Las sucursales de la marca estamos en máximo riesgo», lamenta. Durante este fin de semana, los socios de la joyería tienen previsto reunirse -algunos viven fuera de la ciudad- para discutir acerca del futuro del local, que lleva más de 50 años abierto en la calle de Uría.
Los Casaprima no saben si echar el cierre definitivo a su negocio. «Da la sensación de que estás a expensas de que te vuelva a pasar», asegura el afectado tras sufrir dos robos en apenas dos meses. Se queja de la «impunidad» de los atracadores y subraya que «parece que la Policía no sirve para nada, porque está comprobado que pueden robar en el centro, a mediodía y con comercios abiertos enfrente».
Cámaras de seguridad
El gremio, critica Carlos Casaprima, «está muy indefenso». Y cuando sufre un robo, el joyero debe hacer frente a los gastos con dinero de su propio bolsillo: «Nadie te cubre un escaparate. Sólo aseguran lo que está bajo mil llaves en una caja fuerte, lo que saben que nadie va a poder robar».
No descarta la instalación de cámaras de seguridad si el comercio sigue abierto, pero dice que «la joyería no puede convertirse en un búnker, porque entonces corres el riesgo de que, en vez de atacar el local, vayan a por ti».
El propietario de la joyería Toni, Antonio Morán, sufrió dos robos, el último en 2004.
Sostiene que «se trata de bandas organizadas que tienen los relojes vendidos ya de antemano»; una suerte de robos 'por encargo'.
El Cuerpo Nacional de Policía sigue analizando el vehículo abandonado y asegura que en cuanto se encuentre alguna huella en él, la prueba pasará al juez de inmediato.
La investigación continúa y se suma a la abierta tras el atraco de noviembre, aún sin resolver. Las declaraciones de los testigos presenciales afianzan la hipótesis de que los cuatro asaltantes eran españoles.
Ciudad insegura
«En Madrid estas cosas ya no pasan, porque tienen contratada seguridad privada, pero yo no me puedo permitir pagar 6 millones de pesetas al año a un vigilante. Ellos lo saben y por eso ahora vienen a provincias», explica Carlos Casaprima. Cree que «esto acaba de empezar y va a ser cada vez peor»; augura nuevos robos «porque Oviedo ya no es una ciudad segura».
La gente que pasa por delante de la ahora cerrada joyería ofrece palabras de consuelo a sus dueños. «¿Vaya 'carallada' hijo, lo siento mucho!», animaba ayer una señora a Carlos, a través de la reja. «El apoyo de la gente ayuda, es constante todo el día, pero sólo con esto no se hace nada», lamenta el joyero.