«Es una caja de más de 50 centímetros llena de cuadernos con distintos aspectos de la excavación: estudios materiales, unidades estratigráficas, memoria...», explica el responsable del servicio de Patrimonio, Ignacio Alonso. Habla del informe sobre el castro de Llagú, entregado esta semana a la Consejería de Cultura. «Revela que hubo un establecimiento militar romano, algo que se intuía pero que ahora se confirma», señala Alonso tras una primera ojeada.
Examinar de manera exhaustiva la documentación llevará su tiempo, «un mes, como mínimo», calcula. Un arqueólogo del servicio se ocupa ahora de estudiar el informe elaborado por la Unión Temporal de Empresas Anade Recursos Naturales y 1:20. Cuando obtenga el visto bueno de Cultura, «se podrá dar por cerrada definitivamente la excavación», indica Alonso.
Añade que «el informe es muy complejo, porque arranca de estratos modernos y llega a los más antiguos». El estudio partió de las premisas sentadas por Luis Berrocal Rangel, director de una excavación anterior en el castro y de esta última -que arrancó en verano de 2004- hasta que presentó su dimisión en febrero de 2005.
En el libro 'El castiellu de Llagú . Un castro astur en los orígenes de Oviedo' (de Berrocal Rangel, Martínez y Ruiz), publicado en 2002 por la Real Academia de la Historia, planteó la posibilidad de que en Llagú hubiera «una guarnición militar de auxiliares de los legionarios».
Horquilla temporal
El arqueólogo señaló ayer a este periódico que «aún siendo un castro indígena, las excavaciones indican que hubo una pequeña ocupación militar de caballería auxiliar formada por celtíberos, aunque este punto no se puede asegurar».
No se trata, explica Berrocal, de un campamento romano propiamente dicho, con una organización compleja. Los historiadores ya sabían que el asentamiento sufrió ocupaciones sucesivas desde su creación, en el siglo VI a. C. hasta su desmantelamiento, en el siglo I d. C. Sobre la base de lo conocido, los encargados de la excavación han descubierto nuevos matices, como que «la secuencia temporal del castro tiene una horquilla temporal muy amplia y muy rica», destaca Alonso.
Una vez supervisada la memoria de los trabajos arqueológicos, el Consejo del Patrimonio Cultural de Asturias deberá decidir qué se hace con el castro. En la reunión que el organismo mantuvo el pasado mes de julio se pospuso la toma de una decisión, que en breve será inevitable. Para su reubicación, el Ayuntamiento anunció el año pasado la cesión de una finca de 20.000 metros cuadrados, El Castañéu. La Administración regional pretende convertir el castro en un reclamo turístico, con un servicio de visitas guiadas.