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Sábado, 28 de enero de 2006
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POLÍTICA
AL GRANO
El cumpleaños socialista
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LA FSA celebra los ciento cinco años de su fundación con la visita de la vicepresidenta del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, y del secretario de Organización del PSOE, José Blanco. El cumpleaños colectivo llega en un buen momento, cuando el Gobierno socialista de la nación realiza actuaciones de gran calado para Asturias, como la construcción de la variante de Pajares, la autovía del Cantábrico y la ampliación de El Musel, o colabora en la financiación de otras, como la construcción del nuevo Hospital Central. Todo ello en un contexto nacional positivo, por algo en el pasado año 2005 se crearon más puestos de trabajo que en los siete ejercicios precedentes y el desempleo se situó en los niveles en que estaba antes de la segunda crisis del petróleo en 1979. Y sin embargo, hay más incertidumbres en el ambiente que hace un año.

La perspectiva positiva no la arruina la pugna pública entre el PSOE y el PP. Asistimos a un debate partidista, estéril y artificial, que lleva a interpretar de forma maniquea cualquier acontecimiento, pero la sociedad lo soporta sin que se abran fisuras. Decisiones de gran carga ideológica, como el reconocimiento del derecho al matrimonio a las parejas homosexuales, que en otro tiempo hubieran conmovido a la sociedad, ya sólo interesan a los fotógrafos.

La división entre la izquierda y la derecha, el temor por excelencia de la transición, no se ha producido. La inquietud viene por la tensión territorial, de modo que ser vasco, asturiano, andaluz o catalán tiene más trascendencia que nunca. La cuestión no está en discutir si al 'Estatut' le queda algún rasgo anticonstitucional, sino que al lado del Estado de bienestar ha aflorado un malestar autonómico. El peso decisivo de los grupos nacionalistas en la gobernación de España, pese a su escaso saldo electoral, ha traído un juego de agravios y suspicacias desconocido. Hay nuevas desigualdades entre los ciudadanos ahora que se han reducido las diferencias de clase. Los socialistas no pueden admitir ni como hipótesis de trabajo que la inversión del Estado en una región deba ser directamente proporcional a su riqueza. Hace ciento cinco años los socialistas creían que el Estado estaba para redistribuir no para acumular.



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