El mes de enero acaba como una postal nórdica de la Navidad, señal de abundancia o aviso a navegantes en las catástrofes. La jornada liguera en Asturias lo hizo a trancas, mitad por culpa de la inclemencia meteorológica, mitad por las malas condiciones de las infraestructuras. Todo va a ser un poco así, mitad y mitad. Por suerte, no se trataba de ninguna competición europea, en las que la UEFA dice aquello de que el fútbol es un negocio y que hay que jugar un partido en pleno invierno, con veinte centímetros de nieve y hielo o con lo que sea.