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Lunes, 30 de enero de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
Sociedad
Entre la genialidad y la locura
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Decía Séneca que «no hay un gran genio sin un toque de locura». En general, siempre se ha asociado la genialidad con personalidades rayanas en la patología, al menos con grados altos de excentricidad. Sin embargo, el cerebro de un músico muestra un altro grado de eficiencia, y un funcionamiento, habitualmente, que aleja ese estereotipo tan romántico del genio como un enfermo incomprendido, con trastornos de conducta o depresiones. Sucede también con la impertinencia y la necesidad de destacar, características a menudo atribuidas a genios como Mozart (como fue exagerada en la película de Milos Forman 'Amadeus', por ejemplo): hay en ello más bien un cúmulo de factores psicológicos y sociales, relacionados con el éxito social y la integración de quien se sabe diferente. Pero puede haber genios perfectamente comprendidos.

Otro aspecto que han ido determinando diversos estudios sí muestra unas características específica del funcionamiento cerebral de quien alcanza altas cotas de excelencia en una actividad, como es la especialización. Un estudio realizado por Catarine Cox en 1926 mostraba que sólo uno de cada once músicos notables mostraba habilidades superiores en otras disciplinas. Análisis similares se han hecho estudiando la genialidad y el talento por encima de la media en otras actividades creativas, a la vez que otros factores relacionados con el intelecto. Howard Gardner propuso a comienzos de los años 80 su teoría de las inteligencias múltiples, de manera que la genialidad se puede alcanzar en un tipo de inteligencia sin afectar a las otras.

De esta manera, el genio musical podría ser un completo desastre en casi todo lo demás.



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