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Jueves, 2 de febrero de 2006
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ASTURIAS
Asturias
Ecologistas alertan sobre la llegada a Asturias de mafias vinculadas a la construcción
Dicen que las 60.000 viviendas previstas en la costa suscitan el interés de grupos que actúan en el Levante El diputado Garrido Peña augura la reducción de algunas playas
MESA REDONDA. Nacho González, Francisco Garrido, Fructuoso Pontigo y Antonio Rodríguez Dosantos, antes del encuentro. / JESÚS DÍAZ
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El auge urbanístico que sufrirá la costa asturiana en los próximos años podría tener más efectos que los meramente medioambientales. Grupos ecologistas llevan tiempo alertando sobre el impacto paisajístico, ecológico y sobre la vida en la comunidades rurales del litoral que provocarán las urbanizaciones proyectadas. Por si fuera poco, advierten de que toda esa actividad ya ha suscitado el interés de mafias internacionales vinculadas con intereses inmobiliarios y blanqueo de dinero que actúan en el litoral valenciano, murciano y andaluz. «Todo eso viene para aquí».

Lo dice el diputado de Los Verdes integrado en el Grupo Parlamentario Socialista del Congreso, Francisco Garrido Peña, que ayer participó en una mesa redonda sobre el desarrollo urbanístico en la costa asturiana y sus similitudes con la situación en el litoral mediterráneo. En el acto, organizado por Los Verdes de Asturias, también participaron el presidente de la Coordinadora Ecoloxista, Fructuoso Pontigo, y el director de la asociación Green, Antonio Rodríguez.

Especulación

Los dos últimos recordaron las 60.000 viviendas proyectadas en los planes urbanísticos de los municipios costeros asturianos y los 18 campos de golf previstos que se unirán a los 11 ya existentes. También mencionaron que esas casas irán destinadas a segundas residencias, y que habrá localidades que multipliquen por seis el número de viviendas existentes en la actualidad. La situación es bien conocida en la costa levantina, murciana y andaluza. Pero, ¿hay similitudes entre esos casos y el asturiano? Apunta Garrido que los paralelismos no se refieren al tipo de turismo, sino a que esos desarrollos «están vinculados con la especulación» al ser «valores refugio del capital» e incluso vehículos «para el blanqueo de dinero».

Los suculentos intereses económicos que mueve la construcción han llevado a lo que Garrido denomina «consenso siciliano» en muchos ayuntamientos de la costa mediterránea. «El urbanismo es un cáncer y acaba minando la política municipal hasta el punto de que se crean grupos políticos independientes que representan esos intereses». El ejemplo más popular es «el GIL de Marbella» aunque Garrido asegura que en multitud de municipios existen partidos similares que «o gobiernan o son decisivos». La corrupción asociada a este tipo de actividades no conoce de ideologías e «incluso hay ayuntamientos de IU implicados en casos de corrupción urbanística», como el del municipio de Camas. Otro ejemplo que salió a la luz de manera reciente y que usó para ejemplificar fue la operación 'Ballena Blanca' en Marbella donde estaban implicados «varios notarios, la mafia rusa y la marsellesa-francesa».

La cuestión es si puede llegar a Asturias. «Todo eso viene para aquí», augura Garrido, porque «el mapa está hecho, y los recursos son los que son», dice en referencia a que no queda mucha franja del litoral en el país para desarrollar, y buena parte de ella está en Asturias. «Ya hay grupos de capital dudoso, vinculados a escándalos de ese tipo, que se han visto por aquí».

El diputado también hizo hincapié en los daños medioambientales que, a su juicio, ocasionarán las nuevas construcciones. En primer lugar, se refirió a un informe de Exceltur, que integra a potentes empresas turísticas españolas, y que hacen un análisis comparativo en 29 municipios costeros del Mediterráneo. «Se comparan las rentas y el empleo de lugares donde el desarrollo se realizó con hoteles y otros donde la base fue el movimiento especulativo» con la construcción de segundas residencias. Al final, «no es comparable la rentabilidad social» que aporta el primer modelo cuyo «impacto paisajístico» también es menor.

Campos de golf

Además, Garrido llamó la atención sobre el peligro que las nuevas urbanizaciones suponen para las playas. Los arenales «son producto de la dinámica del mar y del viento». Al parecer, las construcciones actúan como «pantallas» que modifican los vientos. Cerca de Chipiona «se construyó una urbanización para 25.000 personas y en diez años la playa pasó de tener 150 metros de anchura a sólo 30». Hay más casos similares que requieren de labores de «regeneración» con nuevos aportes de arena, una situación que se «podría reproducir en las playas asturianas».

También arremetió el diputado contra los campos de golf, que no responden a una demanda social como equipamientos deportivos, sino que es un modo «de dar valor añadido a las nuevas urbanizaciones. ¿Acaso plantea alguien construir un campo sin urbanización?».



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