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Jueves, 2 de febrero de 2006
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ASTURIAS
Asturias
Un alijo inconfeso
Concluyen las declaraciones de los imputados en el macroproceso por tráfico de drogas sin que ningún acusado reconozca su implicación
CLAN. Dos de las imputadas, en los juzgados de Oviedo. / M. R.
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Tres días de juicio y, de momento, ningún culpable confeso entre los imputados en el macroproceso contra una red de tráfico de drogas que operó fundamentalmente en Gijón entre 1999 y 2000. Hasta ahora, sólo han asumido su implicación en la trama 21 de los 40 procesados. A pesar de que las conversaciones registradas por la Policía resultan bastante evidentes hasta para aquellos que no están habituados con los estupefacientes, los últimos acusados que pasaron ayer por el estrado respondieron con evasivas. Insisten en que sus ingresos proceden de la venta ambulante y que eran tan ajustados que no les daban ni para comprarse un móvil. Y sin teléfono, no hay negocio.

Los últimos en prestar declaración fueron cuatro miembros del clan, afincado en el municipio de Oviedo, que supuestamente suministraban a la presunta cabecilla: Luisa L. F.. El primero, Arcadio G.P., se acogió a su derecho a no contestar a las preguntas del fiscal, José Perals. Pero en las que respondió a su abogada mostró un historial inmaculado.

Antonio G. G. e Irene J. M. son sobrinos de Francisco G. G., quien junto a su compañera sentimental, Joaquina P. M., fueron detenidos en Viloria de la Jurisdicción (León) con 8.313 gramos de heroína y 44,57 gramos de hachís en una bolsa de bebé. Según las investigaciones policiales y las conclusiones del fiscal, el 9 de noviembre de 2000, quedaron con Carlos R. S. y Martina G. B. en el aparcamiento del centro comercial Azabache de Lugones para realizar las transacciones de drogas.

Aseguraron que difícilmente podían haber concertado encuentro alguno si no tenían teléfono móvil porque, como puntualizó Irene, «tenía otros gastos. No me dedico a comprar tonterías». Y además, aseguraron, no les conocían de nada. Para demostrarlo, la abogada defensora, María Eugenia Hidalgo, solicitó un careo entre Irene y Martina. A pesar de que ésta asumió ser «cliente habitual» suya y de su marido, ayer no la reconoció. «Estuve en coma, tuve un accidente. No la conozco y no oí hablar de ella», aseguró, con sus muletas en la mano, después de que Irene dijera que «no la había visto en mi vida».

«¿Y cómo se explica que la llamada se registrase justo antes de que detuvieran a Martina y Carlos camino de Vegadeo con 22,62 gramos de heroína?», preguntó el fiscal, José Perals. «Como yo hay mucha gente que va al McDonald's con sus hijos», contestó Irene, que «siempre» remata sus habituales compras en «el Pryca» con una merienda familiar en el establecimiento de la cadena norteamericana.

«Cuando hablan de 'bajamos 15' y 'otros 15', ¿que se lo iban, a comer?», replicó Perals sin mucho éxito. No reconoció la conversación Antonio, quien, como su mujer, defendió su honradez. Tenían joyas de oro en casa, sí, pero porque se trata de «una costumbre gitana», y las «290.000 pesetas» que la Policía encontró procedían de la venta de ropa.

Hasta el lunes

Con anterioridad declaró su padre, Mario G. G., cuyo testimonio sirvió para dejar claro que 'El chelán' traficante del que hablan las cintas pueden ser muchas personas, ya que así se denomina a los gitanos que se dedican al ganado y a sus descendientes. «Chelanes hay 50.000», añadió su hijo Antonio. Tras finalizar las declaraciones de todos los imputados, el magistrado que lleva la causa suspendió la vista hasta el próximo lunes, día a partir del cual declararán varios agentes policiales. Entonces habrá decidido la presidencia si, tal y como solicitó una de las letradas, los procesados tienen que asistir al resto de las sesiones o se les exime de la obligación hasta la presentación del trámite de conclusiones.



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