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Jueves, 2 de febrero de 2006
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OPINIÓN
OPINIÓN EDITORIAL
El estado de Bush
GEORGE W. Bush ha adoptado en el discurso anual ante el Congreso sobre el estado de la Unión un tono menos agresivo que en años anteriores, propiciado por la realidad de los hechos. Así, prefirió ajustar su mensaje a conceptos de crecimiento económico, aumento del empleo y liderazgo estadounidense en el mundo. Optó por no arriesgar en términos de política exterior, con una cautela desacostumbrada.

La explicación más lógica es que al ser 2006 año electoral en los Estados Unidos, con la renovación parcial del Congreso, cuyas dos cámaras controlan los republicanos, la sensatez electoral imponía la prudencia frente a programas audaces, pero sin resultados tangibles a corto plazo y que pasarían inevitablemente su factura en noviembre al partido de Bush. Por ello es comprensible y en absoluto reprochable que el presidente, con una aprobación popular que ha bajado al 40%, pero sabedor de que los demócratas no son todavía percibidos como una alternativa creíble, haya evitado los mensajes grandilocuentes en esta ocasión. La mitad de su discurso fue dedicada al principal problema que afrontan los EE UU y el mundo, en general: la lucha antiterrorista --incluido aquí el progreso de la democracia en Oriente Próximo, Irak e Irán- y la inestabilidad en algunos de los estados petroleros del área, de cuya dependencia energética, advirtió el presidente, deben verse libres EE UU lo antes posible, punto en el que se ganó las alabanzas de la mayoría de los medios de comunicación norteamericanos, que valoraron el apoyo que a las energías alternativas implica.

El resto fue un repaso a las políticas económicas y sociales, con reiterada mención a una «sociedad de la esperanza», ubicada en un registro moral y de solidaridad muy saludable y del gusto del americano medio. Lo evidente es que Bush opta por repetir el argumentario que le otorgó la reelección en noviembre de 2004 y, por lo tanto, de probada utilidad. La mano de Karl Rove, principal estratega político y electoral del presidente, es visible; de hecho, ya había trascendido, con algunas críticas desde las propias filas republicanas, que ese discurso será el de los republicanos en noviembre. Si se sitúa el mensaje como lo que es formalmente: la sincera evaluación del presidente sobre cómo van las cosas, el discurso fue de buen tono y excelente factura técnica, y Bush lo desarrolló con convicción y maneras de buen comunicador. En el orden más geopolítico, sin novedad, pese a los retos que tiene la comunidad internacional.



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