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Jueves, 2 de febrero de 2006
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LA consejera de Cultura, Ana Rosa Migoya, declaró en Canal 10 que otorgar al bable estatus de lengua oficial «sería una imposición». Una toma de postura por parte del socio mayoritario del Gobierno regional que ha sido duramente contestada por el consejero de Justicia, García Valledor, al asegurar que es impensable imaginar al PSOE y a IU formando parte del mismo Ejecutivo si no hay un acuerdo en torno a la llingua. Valledor considera que se trata de un elemento central del nuevo Estatuto de Autonomía, así que la divergencia haría imposible la cohabitación en el Gobierno.

Las posiciones de partida están claras: los socialistas aspiran a reformar el Estatuto de Autonomía sin dar a la llingua un tratamiento distinto del que tiene ahora, mientras que IU no sólo habla de cooficialidad, sino que la misma reforma estatutaria se hace en función de ese objetivo, aunque también pretende otros, como ampliar las competencias que gestiona el Principado. Al empezar la presente legislatura todos conocíamos que ambos partidos discrepaban radicalmente en esta materia, pero esa contradicción sólo se hace irresoluble si se emprende la reforma estatutaria. ¿Cómo va a evolucionar la polémica?

Como hay que pensar que los partidos políticos, como las empresas o cualquier otro colectivo, se mueven por principios racionales, deben barajarse dos hipótesis: en caso de ruptura de Gobierno ambas fuerzas creen que pueden capitalizar el conflicto; los socialistas captando el voto del sentimiento clásico del centro-izquierda, e IU atrayendo sufragios de sectores regionalistas, nacionalistas o identitarios, que en Asturias no andan sobrados de referencias. Como el relanzamiento de la reforma estatutaria es una iniciativa de los socialistas, cabe pensar que en su análisis contemplan que IU no tiene margen para romper el Gobierno, así que al final no llegará la sangre al río. Todas estas premisas teóricas deben ser valoradas a la luz de los últimos acontecimientos de la política nacional, donde ERC, socio de izquierdas y nacionalista del tripartito, se agarra al clavo ardiendo de la Generalitat para evitar ser arrojado a las tinieblas. Con otras palabras: el que se tira del tren en marcha no sale ileso.



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