«La poesía puede liberarnos del mundo y sus engaños o, al menos, eso intenta», dice María Sanz, poetisa sevillana, premio Internacional de Ateneo Jovellanos de este año. Sin embargo, pese a esa evidencia y a otras suertes como que «los versos clarifican los senderos borrosos», como ella dice, los lectores de poesía no amplían número. Según María Sanz, que ayer vino a Gijón a presentar el libro 'Mínimo sol de invierno', fruto del galardón asturiano, «se publica mucha más poesía de la que se lee».
Y así todo ven la luz muchos menos versos de los que ella, como cualquier amante de la lírica, quisiera. De hecho, de no ser por premios como el que ayer festejaba en Gijón y otros muchos que le preceden, María Sanz, que lleva 25 años editando, «no habría podido publicar absolutamente nada».
Cuenta la autora, que antes que el Ateneo Jovellanos logró los premios Ricardo Molina, José Espronceda y Carmen Conde, que sólo estos títulos le han dado la oportunidad de poner en la calle su obra. «Parece mentira lo difícil que es. Incluso para personas como yo, que creo que ya he demostrado varias cosas», dice y apostilla que, después de llamar a mil puertas, acaba de encontrar una editorial para publicar una antológica propia. «Es la primer vez, después de 25 años, que edito algo sin mediar un galardón literario».
María Sanz hizo anoche una lectura de algunos de los poemas que encierra 'Mínimo sol de invierno', un título que se refiere a la «claridad velada del texto, a un tono meditativo en el que no hay valoraciones absolutas de nada, sino sensaciones, poemas depurados hasta el hueso». Su voz sonó después de que los también poetas y miembros del jurado del Ateneo, Francisco Velasco y Gonzalo Ovies, introdujeran su trabajo, en compañía de la profesora María Elvira Muñiz, otra de las voces del jurado.