La propuesta de Jerónimo Junquera se basa en una nueva organización del tráfico y en la urbanización del terreno libre de vías. En lo que concierne al tráfico, su principal aportación es una vía-parque de tres kilómetros que, desde la ronda de Tremañes hasta la plaza del Humedal, enlazará las diferentes escalas de intervención y el nuevo paisaje de la ciudad. Para dar coherencia al tránsito desde la periferia hacia el centro, el nuevo acceso se iniciará mediante una rotonda en la calle de Dolores Ibárruri.
Además se eliminará el paso elevado de la calle de Carlos Marx y se abrirá un primer vestíbulo urbano, sustituyendo ese paso elevado por una importante rotonda, que atenuará el tráfico y dará acceso a la futura estación y a la avenida de Juan Carlos I. Ya en el centro de la ciudad, a la altura de la Gota de Leche, se plantea otra glorieta de reparto de tráfico, que suprime el acceso directo actualmente existente a la plaza del Humedal.
La actuación urbanística del suelo liberado se divide en tres partes e incluye un nuevo hito para Gijón, en forma de edificio emblemático denominado Campanile. En la zona Este, la más próxima al Humedal, se incorpora al remate de la vía-parque la plaza del Humedal con la creación de un nuevo espacio público cubierto con bloques residenciales de cuatro alturas, unidos por una sobrecubierta de cristal con bajos comerciales, jardines y pequeñas plazas. Como remate de borde a este bulevar cubierto de cristal, se diseñará un espectacular edificio charnela (el citado Campanile), que tiene bajo y 28 plantas. En el cuerpo central se concentra la edificación en seis torres (cinco de pisos y una prevista para hotel de lujo) de altura variable, para liberar la mayor superficie posible de suelo público.
Por último, en la zona Oeste se construirá un paisaje artificial delimitado por la estación, con rasantes ascendentes para obtener recorridos peatonales Norte-Sur.