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Viernes, 3 de febrero de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
Sociedad
La máquina de coser, uno de los pocos casos de adaptación a los tiempos
«Yo misma me extraño de lo mucho que la gente cose en sus casas»
EXPERTA. Adelina Martínez lleva casi 30 años al frente de una tienda de máquinas de coser en Gijón. / PAÑEDA
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«Yo misma me extraño de lo mucho que cose la gente en sus casas». Adelina Martínez lleva 27 años al frente de la tienda gijonesa de Alfa y asegura que la máquina de coser sigue estando ahí, a pesar de que ya le auguraron que desaparecería en muchas ocasiones». Y es que algunos electrodomésticos imprescindibles antaño en el hogar desaparecieron con los años, pero otros como estas máquinas que lograron sustituir el trabajo manual con tanta eficacia, pudieron subirse al tren de los tiempos y resistir.

Bien es cierto que este tipo de utensilios llegó a formar parte indiscutible del ajuar de las españolas, algo impensable hoy en día, pero su adaptación tecnológica las mantiene en el mercado. «Antes la mujer se confeccionaba su ropa en casa, se hacía sus arreglos y también sus bordados... Ahora pocas son las que se cosen su propio vestuario, pero muchas continúan arreglando los bajos de los pantalones y faldas y cada año las adaptan a esos kilitos de más o de menos».

Además se amortizan con rapidez puesto que, eso sí, las máquinas de coser son más baratas hoy que hace quince años. Entonces una básica rondaba las 70.000 pesetas y hoy, un modelo más avanzado, oscila entre los 200 y 300 euros, es decir entre 30.000 y 50.000 pesetas de las de antes. Si se tiene en cuenta que arreglar el bajo de un pantalón oscila entre los tres y los cinco euros, las amas de casa más apañadas sacan rentabilidad del aparato en pocos meses. Otras, incluso, obtienen unos ingresos extra cosiendo para fábrica y para pequeños comercios de textil.

De hecho, Adelina Fernández asegura que el público que accede a la máquina de coser es muy variado: «Las clientas, porque la gran mayoría son mujeres, son de todas las edades, pero sí es cierto que las personas mayores suelen venir a nosotros para cambiar la vieja máquina por otra mejor, mientras que las más jóvenes se inician en la compra de una nueva».

Hoy su uso se ha simplificado mucho. «Ahora tienen incorporados programas electrónicos y basta con hacer un dibujo e introducirlo en el ordenador para que la máquina vaya sola», comenta esta experta. Precisamente Adelina impartió clases de bordado a muchas mujeres y todavía recuerda aquellas mesas de coser en las que el pedal debía coordinarse con la puntada. «Si no dabas al pedal en el momento preciso, la máquina iba para atrás y rompía el hilo. Eran mucho más difíciles de usar».

Pero un trabajo más sencillo no está reñido con la sofisticación. Con las nuevas máquinas bordadoras los dibujos pueden ser avanzadísimos.

Clases en la tienda

A pesar de que la máquina Alfa, Singer o Sigma, entre otras clásicas del mercado, sigue en uso, Adelina recuerda cómo en su tienda se llegaron a dar clases de costura y bordado a hasta treinta mujeres al día. «Teníamos varias filas de mesas con sus máquinas y hacíamos cinco turnos al día. Es más, había cola para recibir al camión que traía las últimas y más novedosas máquinas». Hace tres años que los cursos dejaron de impartirse y en Alfa, además de máquinas de coser comienzan a venderse aspiradoras.



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