Vive en su país natal, trabaja donde le llaman cuando le interesa el proyecto y siempre regresa a la isla en la que nació hace cuarenta años. El actor cubano Jorge Perugorría vuelve al cine español con 'Una rosa de Francia', cinta de aventuras y amor dirigida por Manolo Gutiérrez Aragón, con el que ya hizo 'Cosas que dejé en La Habana', y que hoy se lanza en ochenta pantallas españolas.
-¿Qué espera con este retorno al cine español?
-Después de 'Tánger', hice pequeños papeles en 'Hormigas en la boca' y 'Reinas'. Estoy encantado de estar de vuelta de la mano de una figura tan emblemática como Manolo, que ha escrito el guión con mi compatriota Senel Paz -autor de 'Fresa y chocolate'-. Entre los tres hay mucha complicidad porque, además de compañeros de trabajo, somos amigos. Los dos me conocen muy bien como actor, y la mayoría de los casos en que los intérpretes repiten con directores han tenido buenos resultados. Yo en esto he tenido mucha suerte, porque he repetido varias veces, no sólo con Manolo, también con Bigas Luna -'Bambola' y 'Volaverunt'-, Gutierréz Alea y Tabío...
-Gutiérrez Aragón dice que le ha hecho un traje a su medida con Simón, el malo de la película.
-Esto facilita mucho el camino porque hay un lenguaje, un conocimiento por las experiencias anteriores. Lo bueno es que siempre hay expectativas, lo mismo cuando escriben un papel para ti que cuando accedes vía 'casting', porque te enfrentas al reto de hacer un personaje diferente.
-'Cosas que dejé en La Habana' hablaba de los cubanos que venían a España, y 'Una rosa de Francia' gira sobre un español que viaja a la isla.
-Creo que Manolo y Senel harán otra película juntos, será una trilogía en la obra de Manolo. 'Cosas que dejé en La Habana' es el reverso de ésta, donde se nota el cariño que el director -hijo y nieto de cubanos- tiene a mi país y a sus habitantes. Además, es una historia cercana porque en muchas familias españolas hubo algún miembro que en los 40 se fue a Cuba en busca de un sueño, de aventuras. Ahora es al revés...
-Simón es uno de esos malos seductores del cine negro.
-La intención era jugar en este cuento donde hay un bueno, la chica y el malo, un malo aventurero, encantador, simpático y seductor. Tiene todos los matices para conquistar al espectador porque su talón de Aquiles es una Lolita por la que pierde los papeles. He hecho unos cuantos roles como éste, y creo que Simón es el resumen de todos ellos, con su parte buena y mala. Es el más importante de mi carrera en este registro porque ha sido el trabajo más complejo y matizado de todos. Además, revisé muchas películas de Bogart, sobre todo 'Tener o no tener'.
-Imagino que ayudaría el que la cinta esté ambientada en la Cuba de los 50.
-Eso marca muchas diferencias. Cuando Manolo dice que Cuba es una isla colgada en el tiempo es porque la arquitectura, los coches, los muebles, el refrigerador son de esos años. La gente no, es diferente. La película es un cuento, pero dice cosas de la Cuba de hoy porque hoy también ves, como retrata la película, lindas y jóvenes muchachas ligando con viejos que podían ser sus abuelos.
-En la diversidad de registros que tiene su personaje para encandilar, no está el que trafique con seres humanos.
-No. Es algo detestable porque estás jugando con el destino y los sueños de las personas. La emigración es la gran tragedia del siglo XXI y los que se benefician de esto son carroña. Lo triste es que ocurre en muchas partes del mundo, no hay más que abrir los periódicos para ver las noticias de los balseros, las pateras, los camiones que cruzan la frontera entre México y Estados Unidos...
-Simón, por el que perdió diez kilos, está siempre sonriendo.
-Sí, por eso es complicado detestarle.
-Sólo tiene 40 años y vuelve a ser el veterano de la producción, en la que también está Álex González, para quien es su segunda película, y la novel Ana Celia de Armas.
-Los jóvenes están cada vez más y mejor preparados, tienen más interés e información. Me llama la atención el rigor y la profesionalidad en algunos de los trabajos de gente muy jovencita, algunos son muy chicos.
-¿Cómo recibirán sus paisanos 'Una rosa de Francia'?
-Bien, vamos a disfrutarla. Los cubanos no vamos con inocencia al cine, siempre buscamos segundas lecturas por esa complicidad entre los cineastas y el público.
-Por cierto, se ha proyectado en el Festival de La Habana, 'Habana Blues', largometraje de Benito Zambrano que todavía no ha llegado a las salas cubanas.
-Nunca he visto esa película políticamente incorrecta, es absurdo que no se vea en los cines. Allá, se pasan las películas en DVD, por lo que ese tipo de censura no sólo no tiene sentido, sino que es una fórmula de promoción al querer ver lo que está prohibido.
-¿Viene para quedarse?
-No. Acabo de estrenar allá 'Barrio Cuba', de Humberto Solás, y estoy preparando 'La noche de los inocentes', cine cubano que es, en si mismo, todo un género porque tiene un poco de todo: comedia, drama, suspense.. Yo soy un policía que investiga un caso, tarea complicada porque todos los personajes mienten, se dedican a engañar.
Secuestro de cine
-¿Por qué no ha vuelto a hacer teatro?
-El cine me secuestró. Algún día volveré, pero es que siempre pensaba que no me iban a llamar más para hacer otros filmes. Y así llevo más de diez años, tiempo en el que he participado en 35 películas. Me enamoré del cine, que me lo ha dado todo: vivencias, aventuras y la posibilidad de rodar en Europa y en toda América Latina. Me he comprometido con el cine, no sólo como actor, también moviendo proyectos de nuevos cineastas e intentando conseguir dinero para que los veteranos continúen trabajando.
-Es decir, que ejerce de embajador del cine cubano por el mundo.
-Sí, algo así, lo que es una responsabilidad porque hay actores muy buenos en mi tierra, y un privilegio.
-El éxito de 'Fresa y chocolate' hizo creer que el cine cubano iba a viajar por todo el mundo y aumentar su producción.
-No aprovechamos el 'boom' que fue 'Fresa y chocolate'. Somos los primeros responsables de la actual situación. Antes sacábamos de diez a doce películas al año, pero cuando se lanzó 'Fresa...' estábamos en una de las peores crisis económicas, no había dinero para hacer más películas. Las coproducciones con España nos han salvado en estos últimos tiempos. Ahora, nuestro cine empieza a coger oxígeno gracias al cine digital, que hace que los costos sean más baratos para los productores. Este formato también nos ha permitido que exista un relevo generacional. Creo que en 2006 llegaremos a las nueve películas.