Las salas de cuarentenas del acuario de Gijón ya son prácticamente funcionales con un reducido censo de 42 peces. Las instalaciones destinadas a peces tropicales tienen en estos momentos una madurez del 90% y los tanques para especies de aguas frías ofrecen una fiabilidad de entre el 60 y el 70%. De hecho, según el director de conservación animal del equipamiento, el madrileño Javier González, el grado de madurez alcanzado en los tanques de aclimatación permitiría iniciar ya sin problema la recepción masiva de especies. No obstante, se esperará aún a conseguir la máxima operatividad de estas salas, un objetivo que se alcanzará a mediados de febrero en las cuarentenas de aguas cálidas y a finales de mes en las de aguas frías.
Cada una de estas salas está equipada con una veintena de tanques, con condiciones de agua parecidas pero independientes entre sí, y grandes cubas circulares donde reagrupar posteriormente a los peces que pasan las cuarentenas. En el caso de los tanques allí se ha ido aislando a los peces de prueba llegados hasta el momento al acuario en dos lotes diferentes. Los únicos que comparten pecera -entre dos y cinco ejemplares por acuario- son los peces damisela, porque ellos habitualmente van en cardumen o banco.
La pecera, además de su pez correspondiente, tiene su propio perlón maduro -un lecho bacteriano de de aspecto algodonoso que se utiliza para acelerar la maduración de los filtros biológicos-, su salabre -una especie de aparejo parecido a los cazadores de mariposas- y su tarjeta de control, donde se registran datos tales como la fecha de llegada del animal, la especie o el tratamiento que se le va a aplicar. El contacto se evita en todo momento, explica Javier González, para evitar contagios en el caso de que en los lotes recepcionados hubiera algún pez enfermo.
En lo que se refiere al control de las condiciones del agua en las cuarentenas, el equipo de biólogos encabezado por el propio González y la gijonesa Susana Acle analiza diariamente entre diez y doce parámetros. Entre otros, la temperatura, el ph, los nitritos, el oxígeno disuelto y la alcalinidad.
Los peces experimentales del acuario gijonés comen varias veces al día y su dieta básica es a base de pienso y gambas. El censo piscícola del acuario gijonés lo integran en estos momentos 42 animales pertenecientes a cuatro especies diferentes que han sido donadas por los acuarios de Madrid y San Sebastián. Estas familias de peces tienen en común su resistencia. Todos ellos han sido criados en cautividad y su tamaño oscila sólo entre los 2 y los 25 centímetros.
En las instalaciones de especies tropicales hay varios peces damisela -la especie más numerosa con 37 ejemplares-, un mero -también denominado lutjanus, que fue importado en su día por el acuario del zoo de Madrid de una piscifactoría asiática cuando aún era un alevín- y dos tiburones bambú.
Salto mortal
En la sala de peces de aguas frías los únicos inquilinos que pasan allí la cuarentena por ahora son un par de lábridos. Un tercer ejemplar de esta asustadiza especie es la única baja animal que se ha producido en el acuario desde que se empezó a estudiar a través de estas remesas de peces cobaya la madurez de los filtros biológicos en las peceras ya aclimatadas. Esa muerte, no obstante, no se produjo dentro de ningún tanque sino en el exterior, ya que el malogrado pez saltó de su morada por la noche al no estar bien cerrada la tapa de su pecera.
Según la secuencia de trabajo programada por el equipo que dirige Javier González, a partir de la segunda quincena de febrero comenzará la recepción masiva y escalonada de las 300 especies que integrarán en el futuro el ecosistema del acuario. De esta forma podrán ir pasando sus respectivas cuarentenas para ocupar su lugar en el edificio entre abril, mayo y junio. Ahora mismo los tanques también se están llenando y aclimatando.
Las especies más delicadas del acuario no llegarán hasta abril -entre ellos media docena de pingüinos de Magallanes- y luego ya habrá otros ejemplares que se introducirán con la instalación una vez inaugurada. La previsión de Javier González es llegar a esa fecha inaugural con un 80% del aforo de peces en exhibición.
El nuevo equipamiento de Poniente abrirá sus puertas en junio, aunque la fecha aún no está cerrada. Con una superficie de 4.600 metros cuadrados, el acuario ofrecerá al visitante un completo recorrido por una docena de zonas marítimas de todo el mundo.
El complejo estará integrado por 67 tanques de agua, un restaurante panorámico, una sala de proyecciones con capacidad para 70 personas, un observatorio de aves marinas, un taller de divulgación y una dársena para la recuperación de animales marinos a cuyo cargo estará Cepesma. El recorrido permitirá conocer al detalle la flora y la fauna de la práctica totalidad de los mares del mundo, a lo largo de 67 acuarios con más de 2.000 metros cúbicos de agua.