ACUDIR tarde a una cita con el provecto Nolo Vasllenar equivale a correr el riesgo inevitable de que nos endilgue de inmediato una de sus expresiones preferidas contra la impuntualidad:
-¿Saliéronme percebes en los güevos de tanto esperate!
Y eso fue precisamente lo que le dijo a su amigo Casacites, al que aguardaba en una sidrería. Añadió después, en respuesta a la pregunta sobre cuánto tiempo llevaba en el chigre:
-Llevo aquí tres botelles de sidra, que fueron les necesaries pa empujar los percebes. Estaba a puntu de desatracar, y si no lo hice fue pa que te hicieres cargu de la cuenta del macizu, al que ahora añadiré unos fritos de pixín a modo de carnada pa que se me calme la marejada del cabreo.
Tras aceptar la propuesta, Casacites comentó:
-Tu forma de hablar, preñada de expresiones marineras, me recuerda a aquel patrón de cabotaje que, inmóvil brahmán adorador del horizonte, contestaba con el humo de su pipa a las humaredas distantes procedentes de tantas industrias que por aquel entonces no tan lejano jalonaban el litoral gijonés. Era un singular personaje que nunca echaba a andar, sino que 'daba avante', ni se volvía, sino que 'hacía la ciaboga', no...
-Caléte, amiguín, porque esi paisanu del que hables ye mi difuntu padre, retratau por Fernando García Vela en unos relatos muy prestosos que publicó el Ateneo Obrero de Gijón, entidad en la que el escritor ejerció precisamente el cargo de secretariu. Cuando los leí disfruté tanto como una chopa zampándose les güeves de un oriciu. Y no sólo por la referencia familiar, sino porque describía cojonudamente una época en la que el puerto estaba en el centro de la villa, y éralo además junto a la calle Corrida. Tiempos en los que la gente paseaba hasta la rula sorteando les redes que los pescadores poníamos a secar, junto a les tandes de nases y...
La interrupción e intervención de Nolo fue pagada 'ipso facto' con la misma moneda por Casacites:
-El puerto penetra en la población y lleva el anhelo viajero de los mástiles a los balcones burgueses. La bajamar dejaba en seco la dársena, y los veleros, escorados, enseñaban la quilla llena de ovas y líquenes, sus vientres armoniosos, sus caderas suavizadas con dulzura por la caricia curva del mar.
-La pena de tu buena memoria ye que te acuerdes de todes les deudes, jodiu, pero, en esti casu, gracies a ella respinguéme tou y púsoseme la carne puntiaguda como el carru de un centollu.