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Jueves, 9 de febrero de 2006
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OVIEDO
CRÍTICA MUSICAL
presente y futuro
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La agrupación de cuerda Oslo Camerata debutó el martes en el teatro Filarmónica dentro del ciclo que promueve la Sociedad Filarmónica. La Oslo Camerata, liderada por Stephan Barratt-Due y Soon-Mi Chung, reúne a 14 intérpretes que dan sus primeros pasos como profesionales. La acertada política educativa desarrollada en Noruega en los últimos 50 años -especialmente en el ámbito musical- permite hablar en presente de una generación con un nivel técnico nada desdeñable y pensar en un futuro esperanzador.

El concierto se inició con 'Sarek', pieza breve del compositor noruego Terje Bjorklund, frecuentemente interpretada por Anne Sophie Mutter. Bjorklund es un prestigioso compositor, teórico, profesor y pianista de jazz que escala posiciones dentro de la música clásica contemporánea como anteriormente hizo su compatriota Arne Nordheim. 'Sarek' sentó las bases del estilo interpretativo de la Camerata: precisión en el ataque, seguridad en la afinación y sonido pleno e intenso.

Soon-Mi Chung, esposa de Barratt-Due, es una de las más sobresalientes solistas de viola de Noruega. Dejó constancia de ello con la ejecución limpia y meticulosa del 'Romance en Fa Mayor, Opus 85', de Max Bruch, y 'Elegie Opus 30', de Henri Vieuxtemps. Al lucimiento personal de la coreana siguió una prolongada ovación.

La primera parte finalizó con la 'Holberg Suite, Opus 40' escrita por Edvard Grieg para conmemorar el bicentenario del nacimiento del dramaturgo Ludvig Holberg. Compuesta en un principio para piano, fue concebida, según su autor, 'a la manera de los clavecinistas franceses'. La Camerata ofreció una versión equilibrada, luminosa y llena de frescura, incluso en los pasajes de barroquismo más arcaico. A destacar, la 'Sarabande' y el 'Rigaudon'.

Grieg se escuchó también en la segunda parte: 'La última primavera, Opus 34 nº 2' y 'La canción del Vaquero y Danza del Caminante, Opus 63 nº 2'. Pasajes virtuosísticos a cargo del concertino y solidez en los cimientos armónicos del conjunto.

La obra más exigente de la noche fue 'Variaciones sobre un tema de Frank Bridge, Opus 10', tributo de Benjamín Britten a su maestro y a una de sus partituras más conocidas: 'Tres idilios para cuarteto de cuerda'. Los músicos escandinavos transitaron con inteligencia desde los pasajes lóbregos de la 'Introducción' hasta los motivos exultantes de la 'Marcha' -repetida como bis- y del 'Vals vienés'.



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