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Domingo, 12 de febrero de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
TINTA CHINA
Alas negras
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LO que ocurre con las epidemias es que sólo podemos echarle la culpa al cielo de su inquina, salvo mejor criterio paranoico. Pero sin duda tienen alas negras simbólicas que nos permiten reflexionar, a poco que alcemos el vuelo y seamos capaces de superar el vértigo.

Contra la gripe aviar nos sentíamos tan protegidos en el mullido sofá occidental como los potentados que se defienden de los atracadores mudando la finca en un búnker.

Se ve que teníamos algunas grietas. Y que la vieja polémica entre los que quieren ponerle puertas de hierro al campo y quienes sospechan que se ha de repartir el trigo, va a saldarse metafóricamente a favor de los idealistas.

Quizás no hayamos de confundir la idea del bien con el candor. Y hasta es posible que el mal esté confundido algunas veces.

La expansión epidémica por el culto mar Mediterráneo en su lado septentrional nos anuncia que somos igual de vulnerables y mortales que la oscura Nigeria, cuando los cuervos -u otras aves- se ponen de uñas.

Es cierto que en esta orilla de aguas confortables hemos obtenido importantes logros y una longevidad que apenas encuentra parangón en la mitología bíblica. Nadie discute con la aritmética. Ni con la penicilina. Hay hechos fuera de toda duda. Sin embargo, el apólogo que viene a cuento -y perdón por la tautología- nos diría que si la muerte nos iguala en cuanto la naturaleza pierde su encanto, acaso deberíamos hacer también más igualitaria la vida.

Sería lo más natural.



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