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Martes, 14 de febrero de 2006
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Asturias
Vida entre la nieve
El montañero inglés rescatado el domingo en los Picos de Europa sobrevivió atrapado en una grieta entre la nieve, alimentándose sólo de barritas energéticas y sin apenas agua en una zona con riesgo de aludes
HERIDO. Paul Henry fue encontrado gracias al plástico rojo con el que se resguardó durante casi una semana. / E. C.
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Seis días a la intemperie, herido, con poca agua y sólo unas barritas energéticas para alimentarse. Paul Henry, el montañero inglés rescatado el domingo en los Picos de Europa se recupera ahora de sus fracturas en el Hospital de Arriondas. El domingo fue encontrado exánime y ya ha sido trasladado de la Unidad de Cuidados Intensivos a una habitación en planta.

La operación de salvamento fue especialmente complicada. La búsqueda comenzó en el lado opuesto al que se encontraba, ya que las indicaciones que manejaban sobre su ruta, facilitadas por sus familiares, eran confusas.

Preocupada por la falta de noticias sobre su hijo, el sábado por la noche la madre del montañero se puso en contacto, desde A Coruña, con el refugio Vega de Urriellu, donde éste tenía pensado pasar la noche. Pero Paul Henry nunca llegó allí. Así se lo hizo saber el guarda, Tomás Fernández, quien aseguró que «hacía un mes que no pasaba ningún extranjero por el refugio». Fue entonces cuando se activó la alerta. Las primeras indicaciones, facilitadas por la novia y la madre del desaparecido, apuntaban a una ruta desde Bulnes hasta Caín. Por allí comenzó el rastreo en helicóptero, el domingo por la mañana, el Grupo de Montaña de la Guardia Civil de Cangas de Onís. La falta de resultados hizo que, mientras unos buscaban al montañero sobrevolando los riscos, otros agentes trataran de conseguir más información sobre la ruta que había tomado.

La pista llegó en Sotres, donde el inglés había pernoctado y comentado su intención de ir hacia el Urriellu. La búsqueda cambió de escenario radicalmente. Fue entonces cuando lograron dar con él, en el Valle del Agua, gracias, sobre todo, al plástico de color rojo con el que se había improvisado un vivac para resguardarse. A pesar de que también había colocado varias piezas de ropa alrededor de su posición para facilitar su búsqueda, éstas eran de color negro y fueron confundidas con rocas durante los rastreos del helicóptero. Pero, finalmente, los agentes lograron llegar hasta él.

La sorpresa fue máxima para los rescatadores al encontrarse con una persona consciente y en relativamente buenas condiciones dentro de la gravedad de las fracturas, de cadera y fémur, que sufría. Pese a todo, «el herido colaboró, desde el primer momento» con los agentes para su rescate. Tras comprobar que estaba consciente, fue colocado en una camilla. Tarea difícil, puesto que se encontraba dentro de una grieta de tres metros de ancho. Sin embargo, el montañero no se quejaba. Sólo cerraba los ojos y, ante las preguntas de los agentes preocupados por su dolor, repetía: «No os preocupéis, sólo haced vuestro trabajo». Los agentes se quedaron realmente impresionados. Ya ni siquiera esperaban encontrarlo con vida. «Se salvó gracias a que llevaba un buen equipo», señaló uno de los miembros del grupo de rescate. Los expertos creen que el herido no tuvo consciencia del tiempo que pasó en la grieta, «debido, en gran parte, al dolor». Para poder subirlo al helicóptero tuvieron que izarle unos 50 metros.

El propio herido explicó al Grupo de Montaña que había sufrido una caída tras resbalar en el hielo. En la zona donde tuvo lugar el accidente la nieve presenta un espesor de diez centímetros y está endurecida a causa del viento, lo que aumenta el riesgo. Paul Henry rodó por un desnivel de unos 150 metros y se golpeó con fuerza contra las rocas, cayendo a una zona con un alto riesgo de aludes y donde, por mucho que lo intentara, nadie podría oir sus gritos de auxilio.



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