El próximo jueves se inaugura en la galería Fruela de Madrid una exposición individual del asturiano Ricardo Mojardín, que presenta la serie titulada 'Karmanimal-en El Prado', de ejecución reciente. La muestra enlaza, en cierto modo, con su anterior exposición en Asturias, que organizó en abril de 2004 la galería ovetense Vértice. Y especialmente con las 'vacas' que expuso en Arco 2005.
En los últimos años, Mojardín ha abordado distintas etapas respetando el pasado y haciendo guiños al presente. Desde aquella exposición juvenil que denominaba 'Yo soy miles', ha insistido en subrayar la importancia de valorar el entorno para enriquecer la propia obra. A finales de la pasada década, sus obras ya planteaban interesantes enigmas compositivos, alternando series que emplean una negra silueta, a modo de autorretrato, con referencias a la historia del arte.
Su quehacer actual sigue siendo, en cierto modo, una mirada cómplice hacia los espectadores, obligados a analizar los símbolos de cada pieza. Sorprendiendo a propios y extraños, el pintor sigue apostando por una obra de gran potencialidad, que reflexiona una y otra vez sobre la condición humana.
En Madrid ofrecerá veinte piezas donde las vacas son protagonistas de un imaginario recorrido por el Museo del Prado madrileño.
-Esta muestra será una nueva revisión de la historia del arte, nueva sorpresa estética de escenografías muy peculiares, con vacas que pasean por los museos. ¿Por qué?
-Es un conjunto de trabajos que suponen una continuación de lo que presenté el año pasado en Arco. Pero estas 'vacas' fueron evolucionando y haciéndose más livianas, más inmateriales, yo diría que más 'virtuales'. Pretendo dar mayor protagonismo a las obras del Museo del Prado y buscar puntos de vista distintos a los humanos.
-Un juego complejo, difícil y agotador...
-Sí, quizás. En el arte y la naturaleza se une la constatación científica, cada vez más evidente en mis presentimientos, sobre las escasas diferencias entre la especie humana y el resto de los pasajeros que formamos este globo errante. Por eso, surgen obras como las que presento, que me vienen ocupando en los últimos años. Creo que las fronteras entre 'humanidad' y 'animalidad', entre lo racional y lo irracional, son muy confusas. En el fondo trato de manipular la imagen y verla como algo puro y duro; de plantear una escenografía reflejada directamente en el ojo de un ser irracional que, por tanto, no interpreta las obras cómo lo hacemos nosotros. Me gusta crear esa especie de indagaciones de búsqueda, huyendo de lo habitual. Las dudas son mi materia prima. Creo que esa limpieza, esa frescura, esa espontaneidad que aportan sus miradas, sirven para reflexionar sobre muchas cosas.
-Un trabajo, además, de gran dificultad técnica.
-He introducido algunas variantes técnicas respecto a los trabajos anteriores. Hay cambios, sobre todo, en el empleo de un lenguaje casi de 'cómic', de 'línea clara', de ironías, como subraya Juan Manuel Bonet en el catálogo. Pero no es algo literal, porque sigue habiendo un gusto por la pintura. Las superficies están trabajadas con los blancos al modo realista, tratando de representar incluso el 'pelaje' del animal. Quiero seguir recreándome en la parte básicamente plástica de la obra, aunque haya un importante fondo conceptual. Buscar ese equilibrio.