Al pie del Aramo, cerca de la aldea de Llamo, seis antiguos mineros emprenden juntos, cincuenta años después, el ascenso al poblado de Rioseco, preñado más que nunca de encanto rojo y verde. A lo lejos, una esbelta chimenea actúa de mojón de una época vaporosa. Pozos verticales y angostas galerías que llegaron a contener restos de 16 esqueletos humanos y que desde el pasado año vuelven a ser objeto de una nueva excavación arqueológica a cargo del catedrático de la Universidad de Oviedo, Miguel Ángel de Blas Cortina. Se trata de unos trabajos que podrían ayudar a crear en el entorno del Aramo un parque temático de la minería que ya ha reclamado el Ayuntamiento de Riosa. En la actualidad, el Consistorio está tratando de negociar con los propietarios la compra de las aproximadamente cuatro hectáreas que ocupan las casas del poblado. Se trata de ir avanzando en su propósito de convertir la antigua explotación en un viaje en el tiempo de más de 4.000 años.