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Domingo, 19 de febrero de 2006
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Las autoridades filipinas pierden la esperanza de encontrar supervivientes
Más de 1.400 personas continúan desaparecidas bajo toneladas de barro Sólo han sido recuperados 54 cadáveres
RESCATE. Una excavadora traslada a varios supervivientes. / EFE
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Un día después de que un alud de tierra sepultara un pueblo de unos 3.000 habitantes en el centro del Filipinas, las esperanzas de encontrar con vida a alguna de las 1.420 personas que se dan por desaparecidas, entre ellas 246 alumnos y maestros de una escuela que quedó enterrada, se difuminaban ayer en la misma medida que se agudizaban las muestras de dolor. «Teníamos 30 pueblos en el distrito, ahora sólo hay 29. Uno de ellos ha sido borrado del mapa», declaró el concejal Eulogio Dala.

De todas formas, el balance sobre el número de desaparecidos difiere según las fuentes. Mientras que el director de la Defensa Civil, Adriano Fuego, anunció la desaparición de 1.420 personas, responsables políticos locales y socorristas habían elevado antes esta cifra a 3.000.

Ningún nuevo superviviente ha sido extraído del alud de lodo desde el viernes en Guinsaugon, en el sur de la isla de Leyte -675 kilómetros al sudeste de Manila-, según la gobernadora de la isla, Rosette Lerias. En total, fueron 57 las personas rescatadas con vida, mientras que los cadáveres sacados de entre los escombros ascienden a 54. De los supervivientes, «41 están heridos y han sido internados en el Hospital de Distrito Anahawan». Por ello, Lerias emitió un llamamiento «a las personas de buen corazón para que donen comida, agua, mantas, medicinas y máscaras faciales».

Tan sólo un día después del trágico suceso, las operaciones de búsqueda aéreas se suspendieron a causa de las condiciones meteorológicas desfavorables. El Ejército se mostró muy pesimista en un comunicado y juzgó de «escasas» las posibilidades de hallar supervivientes.

Durante todo el día, los socorristas civiles y militares concentraron sus esfuerzos, muchas veces sin medios mecánicos, en llegar hasta la escuela primaria de Guinsaugon, donde 206 alumnos y 40 maestros que celebraban el día de la mujer quedaron atrapados bajo toneladas de lodo. En medio de lluvias intermitentes, excavaron sin más ayuda que sus manos. Pero su trabajo resultó infructuoso. No hubo más signos de vida desde los mensajes de auxilio enviados por teléfono portátil el viernes en la noche.

Según Cornelio Solis, del departamento de Salud, rocas «tan grandes como casas» impiden cualquier avance. «Necesitamos más excavadoras», pidió. Y es que, se calcula que la capa de lodo que cubre las rutas y el pueblo tiene seis metros de espesor, lo que impide el envío de maquinaria pesada.

El paisaje era devastador. «Es como si la montaña entera hubiese caído sobre el pueblo», explicó Virgilio Mortera, alcalde de la vecina ciudad de Cabalian. «Lo único que hallan son cadáveres», declaró Jimmy Angay, un periodista de la radio DYVL presente en el lugar.

Como ocurriera en otros sucesos registrados en el pasado, la deforestación ha favorecido la catástrofe. Fuertes lluvias cinco veces superiores al promedio han caído sobre la región desde el 6 de febrero, causando más de 20 muertos.

Ayuda internacional

La comunidad internacional no ha tardado en movilizarse y ha acudido con prontitud a la llamada de socorro del pueblo de San Bernardo. Estados Unidos aportará ayuda inmediata a Filipinas y dos buques militares ya están en camino hacia la zona, según anunció la Casa Blanca el viernes. Australia, mientras, ha prometido 800.000 euros para ayudar al país.

Por su parte, la Organización de Naciones Unidas va a enviar un equipo de evaluación y de coordinación a la zona. La delegación, encargada de medir las consecuencias de la tragedia y de pedir los socorros necesarios a la comunidad internacional, estaba previsto que llegara al lugar ayer, según indicó la ONU en un comunicado.

La presidenta filipina, Gloria Arroyo, se dirigió ayer a su país a través de la televisión para anunciar el envío de equipos de rescate inmediatamente al lugar por «aire, tierra y mar» para hacer frente a esta catástrofe. «Ordené a los guardacostas y a toda nuestra fuerza naval en la región de Visayas -centro del país- que se dirijan a esa zona», indicó. «Los barcos de la Marina serán utilizados como hospitales flotantes y centros de comando para ayuda y rescate», añadió la mandataria.

Mientras, el Gobierno sigue alerta ante las nuevas amenazas de los grupos que piden la muerte de la mandataria. «Estos momentos sirven para probar nuestras almas, la unión debe unir sus manos y abrazar a los supervivientes como si fueran familia suya», afirmó Arroyo.



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