LO del revuelo langreano por cambiar el nombre a un parque, usando el de un alcalde franquista llamado Antonio García Lago, no se entiende bien. Al fin y al cabo los langreanos no somos fundamentalistas, ni siquiera en el antifranquismo que, por fortuna, siempre nos caracterizó a la mayoría, fuéramos más o menos rojos. Y, eso sí, sabemos ser tolerantes. Porque, vamos a ver, ¿qué importancia tiene que el PSOE (que ahora aboga estatal y regionalmente por la recuperación de la memoria histórica, aunque durante los famosos trece años la memoria fuese la de los de siempre) acepte una propuesta de la derecha para que el apelativo de un antiguo regidor, designado a dedo por el Generalísimo, renombre al que habitualmente venimos conociendo como Parque Nuevo de La Felguera? Hay quienes, en el colmo de la incomprensión, piensan que es un pago que le hacen al PP para que éste les apoye el presupuesto municipal; pero qué va, hombre: es como juntar churras y merinas porque, al fin y al cabo, hay muchas asociaciones felguerinas que piden ese cambio nominativo. Y, además, sobre nombres y seudónimos ya dejó ayer las cosas claras el compañero Grela.