Natividad Díaz preside la Fundación Carlos Laborde, una oenegé que pretenden educar a varias comunidades indígenas en la Amazonia Peruana. El Café Español, situado en la calle Cimadevilla, acogerá hasta el 21 de marzo una muestra que recoge parte de su trabajo.
-¿Cuándo comenzó a funcionar la oenegé?
-Trabajamos desde hace más de 10 años. Con la fundación como tal desde hace 3.
-¿Por qué eligieron a las comunidades nativas del Perú entre tantos sitios con pobreza?
-Buscábamos un país de América Latina, un país necesitado y entramos en contacto con varios misioneros asturianos que estaban trabajando en la zona de la Amazonia peruana.
-¿Ha ido o ayuda desde la lejanía?
-Desde hace diez años, voy unas 2 veces al año durante un período de 1 o 2 meses.
-¿Cómo es la zona?
-Llegar hasta allí es difícil. Cuando finalizan las carreteras, que son muy malas, nos tenemos que desplazar en una pequeña avioneta que poseen los padres dominicos. Una vez allí, es todo exuberante, tiene muchos atractivos.
-¿Qué es lo que más llama la atención?
-Desde el espectáculo de la naturaleza hasta el atractivo humano. Tomas contacto con las comunidades, que viven como hace años y los dominicos conviven con ellos en sus pequeños poblados.
-¿Cómo se reparten los misioneros?
-Hay uno por cada población. Se comunican entre ellos por Internet. Instalaron las antenas Ingenieros sin Fronteras.
-Menudo contraste.
-Sí, eso es lo que hacen las nuevas tecnologías que utilizan. Gracias a ellas en los últimos años han evolucionado más que en los 40 anteriores en los que se lleva trabajando en la zona. Ahora incluso tienen 5 o 6 ordenadores en las clases para que los indígenas puedan ver otras partes del mundo.
-¿No se sienten reticentes por miedo a perder sus costumbres?
-El deseo es que las sigan manteniendo a la vez que puedan mejorar su calidad de vida. Hay que ser muy cuidadosos para realizar bien esta combinación.