José Manuel García ha recibido en su taller dos grandes paquetes con vidrio. Es el material que usarán durante los próximos meses sus alumnos. Él está en silla de ruedas y sus aprendices pueden caminar más o menos bien, aunque todos son discapacitados. Rubén tiene problemas de visión y Alfredo usa muletas. Ellos dos y otros ocho asisten a clase tres horas todas las tardes para aprender de José.
«Estamos en el mismo barco y sé hasta dónde pueden llegar. Ellos también se motivan al ver que yo hago esto». Pueden y lo hacen. «Sin 'Salsa rosa' ni fútbol», sólo con música, plomo, cobre, alguna herramienta cortante, cristales de muchos colores, un horno y concentración. Son los ingredientes de esta clase tan particular, la primera en la región dada por un discapacitado a otras personas en su misma situación.
Todos forman parte de la Asociación de Parapléjicos y Grandes Discapacitados del Principado de Asturias (Aspaym) y la iniciativa está financiada a través de la Fundación para el Desarrollo de la Formación en las Zonas Mineras del Carbón.
Alfredo dibujó el portarretratos que iba a crear. Sacó la plantilla, la pasó a cristal y lo fue cortando en partes. Puso cinta de cobre y lo soldó con varillas de plomo. Ahora se siente «orgulloso» de lo que ha hecho con sus manos.
El primer logro del grupo fue una fuente de distintos colores superpuestos sobre una base de cristal transparente. Hubo que cortar las piezas, componerlas, fundirlas en el horno y después introducirlas en el molde. «No nos creíamos lo que salió», dice satisfecho Alfredo. Él viene a Gabuxu con las ideas claras: quiere aprender un oficio y le han dado la oportunidad. El taller es un centro especial de empleo, el 75% de los trabajadores son discapacitados y llevan cuatro años trabajando.
José Manuel y Aurora aprendieron la técnica en Málaga, de un artesano holandés, y ahora la traen aquí. Hay de todo en este taller de vidrio: pendientes, anillos, cajas, portarretratos, lámparas, cuadros, vidrieras... Hasta un soporte para el teléfono móvil que hizo Rubén, uno de los alumnos.
Los chicos de esta clase llevan dos meses trabajando y la evolución ya es evidente. Terminarán con conocimientos suficientes para poder ser contratados en una empresa como en la que están. De hecho, éste es uno de sus posibles destinos.
El propio José Ramón se dirigió a Aspaym para solicitar aprendices. «No hay gente formada en esto para cubrir las necesidades del mercado», explica. Los diez chicos acabarán el curso en junio y la asociación ya empieza a plantearse un nuevo taller. Ya han solicitado la subvención.