Los juegos de luces de colores y las novedades musicales acompañadas de trabajadas coreografías ya se habían ganado al numeroso público que abarrotaba el local. Unos espectadores de excepción que no cesaron de aplaudir y de animar a los jóvenes bailarines que incansables ofrecían su trabajo fruto de más de dos meses de ensayos. Tan sólo en alguna ocasión una tenue luz amarilla pasaba cerca de la imagen de la Virgen de las Nieves que recordaba a los presentes que se encontraban en la iglesia de Blimea, ayer tarde convertida en una discoteca solidaria.
El objetivo era recaudar fondos y, por ello, para acceder al interior de la parroquia había que pasar por taquilla y abonar dos euros de entrada para los adultos y un euro para los más jóvenes «Vamos a hacer una casa en la India y por eso mi madre me dejó pintarme los labios y hasta bailó conmigo en casa». Lo contaba, emocionada, la pequeña Elena, de 7 años, que ayer dio rienda suelta a sus incipientes dotes de bailarina. El medio centenar de niños de la catequesis de Blimea, a cargo de un grupo de seis catequistas y de don Luis López, llevaban muchas semanas preparando la actuación. «Primero venían al catecismo y después todos juntos ensayaban ensayar los bailes», explicó el párroco, que lleva tres años organizando este festival benéfico para recaudar fondos en favor de los proyectos de Manos Unidas.
«Cuando pusimos en marcha el proyecto hubo alguna reticencia de las personas mayores de la parroquia pero ahora son ellas las primeras en preguntar la fecha y hasta acuden a los ensayos», explica Dora Mesa, una de las catequistas y promotora de la idea. El resultado no ha podido ser más satisfactorio: se recaudaron más de 500 euros que irán destinados a crear un hogar para niñas que viven en la calle en la ciudad de Delhi.