Anda revuelto el río artístico de Asturias y puede haber ganancia para los pescadores oportunistas. Entre otras cosas, las últimas noticias sobre la programación expositiva de Cajastur y la reunión del pasado lunes que convocó Izquierda Unida en el Conseyu de la Mocedá para dialogar con varios creadores asturianos son síntomas evidentes de que algo marcha mal.
De fondo, como siempre, la poca profesionalidad de nuestros gestores culturales, el desconocimiento de los proyectos regionales y la confusión general. El futuro centro de arte La Laboral, tras su 'presentación' en una discoteca madrileña durante la recientemente clausurada feria Arco'06, es uno de los puntos calientes. A día de hoy continúa siendo un proyecto 'virtual', con muy pocos datos sobre sus contenidos, su estructura directiva o sus presupuestos. Entretanto, ya hay diversos mercenarios dentro y fuera de la región que intentan sacar tajada aprovechando este bombardeo de 'supuestos' y opinando a diestro y siniestro, por si cuela.
Y los políticos, como casi siempre, tratando de alternar con unos o con otros. En este sentido, la reunión del pasado lunes no fue muy fructífera. Por un lado, una formación política que forma parte activa del Gobierno regional, haciendo preguntas sobre los proyectos de tal Gobierno. Por otro lado, los desconcertados artistas, quejándose por enésima vez para denunciar la falta de explicaciones públicas. Y en medio, el arte de Asturias, a la deriva, sin un rumbo más o menos firme.
Las entidades que históricamente han defendido la difusión, la creación y el conocimiento del arte en la región, entre las que destaca muy especialmente la Obra Social y Cultural de Cajastur, no pueden ahora escurrir el bulto de las responsabilidades que han generado. No parece bueno que un centro como el Palacio Revillagigedo, que antaño despuntó nacionalmente con excelentes proyectos expositivos, derive hacia otros caminos más 'sociales' e igualmente necesarios que podrían ocupar y habitar otros espacios.
Lo cierto es que no importa demasiado quién gestione esta ecléctica programación cultural. Allá cada cual con su bolsillo, siempre que lo haga bien. Pero en una sociedad democrática, que ha conseguido hacer de la libertad de expresión un derecho común, nadie está libre de la crítica, del análisis o del juicio de todos y cada uno de los agentes implicados en estas batallitas.