Hay en estos rostros pintados por Jorge Nava una peculiar expresividad plástica, no exenta de intenciones temáticas. La obtención de capas mediante abundantes empastes contrasta con los juegos expresivos que tanto parecen gustar a este entusiasta artista. Vemos aquí sarcasmo, enigmas compositivos, grandes retratos que recuerdan un poco a los trabajos de Santi Ydañez y otros jóvenes que se dieron a conocer a finales de los años noventa dentro de la neofiguración pictórica. En cuanto a las imágenes digitalizadas, han sido extraídas de la publicidad, retocadas y 'ensuciadas' lejos de lo 'políticamente' correcto, como queriendo denunciar a una sociedad de consumo poco apta para miradas puras.
Estamos ante un autor todavía incipiente, dotado de grandes recursos técnicos y de un loable empeño cualitativo, que crece sin prisa ni pausa. Sus planteamientos sobre la belleza moderna, entre lo lúdico y lo puramente estético, sin duda, apuntan alto.