elcomerciodigital.com
Domingo, 26 de febrero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
POLÍTICA
Politica
La voz de la calle
La encuesta autonómica del CIS proyecta la obsesión por el paro, la identidad de izquierdas y cierta erosión en la gestión institucional
VALORADOS. Vicente Álvarez Areces y Francisco Javier García Valledor, en la Junta General. / E. C.
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

LOS resultados del último barómetro autonómico elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) dan pie a la reflexión sobre los mitos, ritos e hitos de nuestra región. No hay nada tan aleccionador como chequear al cuerpo social para ver qué es lo que pensamos los asturianos, más allá de la interpretación que hacen nuestros representantes políticos de la voluntad colectiva.

En el sondeo, lleno de contestaciones distintas como corresponde a una sociedad plural, destaca la unánime preocupación por el paro. El 90,5% de los encuestados considera que el desempleo es nuestro principal problema, seguido muy de lejos por la vivienda (17,9%). En el resto de España la preocupación por el paro sólo es refrendada por el 47,8% de los ciudadanos, lo que supone una diferencia abismal, que no tiene reflejo en los datos del desempleo. En España hay 2.171.503 parados, mientras que en Asturias la última cifra es de 59.953. La tasa del paro en Asturias es del 9,56%, mientras que en España anda por el 8,7%. Son porcentajes muy similares que no explican la angustia del paro en Asturias y la visión más distante que tienen sobre este problema en el resto de España. ¿Cómo se justifica esa divergencia?

Desde la primera crisis del petróleo, los sindicatos se alzaron con la hegemonía del discurso público en Asturias, planteando exigencias a las administraciones y, en menor medida, a los empresarios. Todo el dinero que llegó a Asturias, primero en forma de reconversiones (siderurgia, naval, campo) y luego envuelto en compensaciones (fondos mineros, fondos europeos), se hizo gracias a la queja sindical, con descripciones descarnadas sobre la quiebra de las empresas, el paro generalizado y la falta de horizontes. Tantos años de lamentos, tanto pesimismo acumulado, han hecho que la disminución del paro no haya sido percibida por los asturianos. Hace justamente ocho años, en el mes de febrero de 1998, se convocó una manifestación regional contra el desempleo, motivada por la cifra de 75.000 parados. Ahora hay 59.953 desempleados, pero la visión del fenómeno no ha cambiado un ápice.

Cambiemos de argumento. El 89,3% de los encuestados considera que Asturias es una región, mientras que un 5,7% habla de nación. Hay un 89,3% de asturianos que se considera «muy orgulloso» o «bastante orgulloso» de ser español, y un 88,9% que se siente «muy orgulloso» o «bastante orgulloso» de ser asturiano. Sin embargo, en la Junta General del Principado, en la que sólo toman asiento tres partidos, hay discusiones sobre la identidad del territorio y resulta muy difícil, por no decir imposible, que cuarenta y cinco diputados se pongan de acuerdo en algo en lo que coinciden el 90% de los asturianos.

De esta cuestión se deduce que la clase política tiene una agenda de temas y preocupaciones que muchas veces no encuentra reflejo en la sociedad. El debate sobre la identidad asturiana es un falso debate propiciado por grupos desnortados que quieren pescar en el río revuelto de la política española. Lo mismo sucede con las supuestas ansias por aumentar el autogobierno. El 54% de los asturianos aprueba el estado actual de las comunidades autónomas, mientras que el 24,9% quiere más autonomía. Sin embargo, el día que se reabra la discusión parlamentaria sobre el Estatuto de Autonomía el discurso de los portavoces girará, entre otros temas, sobre cómo aumentar el techo de las competencias. La encuesta revela que no hay un problema territorial en Asturias, pero abunda la impostura al airear un conflicto ficticio para homologarnos con esos territorios que segregan a los ciudadanos por su origen y propician inmersiones lingüísticas en las que nunca se contabilizan las víctimas.

Identidad y gestión

La parte más picante de la encuesta es la que puntúa al Gobierno regional y a su presidente, así como el apartado que investiga la orientación ideológica de los ciudadanos. El 29% de los encuestados se sitúa en la izquierda y un 11,9% en la derecha. El 32% se encuentra cercano al PSOE y 18,9% cercano al PP. Aquí está la huella ideológica de la región, claramente escorada a la izquierda. ¿Por qué es así? Porque todos los líderes de la derecha en la región, desde Álvarez-Cascos y Gabino de Lorenzo hasta Ovidio Sánchez e Isidro Fernández Rozada, han mantenido durante veinticinco años un discurso ideológico de izquierdas, identificado con los intereses de los sindicatos mineros, en apoyo a la 'marcha de hierro' y en sintonía con 'los lunes al sol'. El discurso del PP incide en el sector público de la economía con tanto énfasis como los partidos de izquierda. Como le dijo una antigua dirigente del PP asturiano a un periodista amigo mío, «en Gijón, hasta los del PP somos un poco de izquierdas». Pues eso.

Sin embargo, a la hora de enjuiciar la actuación concreta de los políticos, la barrera ideológica se debilita y aparece el cansancio de una región largamente gestionada por los mismos rostros. Pese a los múltiples compromisos inversores de Zapatero y a la senda ininterrumpida de crecimiento del PIB regional, sólo el 14,2% de los encuestados dice que la situación económica de Asturias es buena o muy buena. Un dato espectacular. El conjunto de ciudadanos que considera regular, buena o muy buena la actuación del Gobierno regional es un 5,3% superior al grupo que califica del mismo modo al presidente Vicente Álvarez Areces. Así que un Ejecutivo de perfil anodino (con la excepción de Francisco Javier García Valledor) es mejor valorado que el presidente, cuya trayectoria política es mucho más conocida. ¿Una locomotora que no tira de los vagones? ¿No hay un liderazgo fuerte en el Principado?

Creo que estamos ante una cuestión más compleja. Es muy difícil que un presidente autonómico alcance una alta valoración en un territorio invertebrado, con comarcas y municipios haciendo la guerra por su cuenta. Pero, sobre todo, no perdamos de vista la siguiente regla: en toda región, país o nación en que hay un exceso de ideología aparece como por ensalmo un déficit de gestión.



Vocento