CON la embarcación abordada el pasado día 21 en alta mar por agentes de la Unidad de Droga y Crimen Organizado y los GEO son ya tres las operaciones de esa naturaleza llevadas a cabo en el mes de febrero, con 47 detenidos y 5.200 kilogramos de cocaína y 9.000 de hachís intervenidos, cifras proporcionalmente muy superiores a las detenciones e incautaciones practicadas durante todo el año pasado en barcos que se dirigían a las Canarias o a la Península.
De esta última operación policial, sin olvidar que se trata de importantes alijos que ya no llegarán a los circuitos de consumo, cabe destacar además la importancia de que, junto a los ocho tripulantes detenidos, se apresara en Madrid a tres colombianos jefes de la red mafiosa que había organizado la importación de 3.000 kilos de cocaína desde su país de origen. Sin embargo, tras la buena noticia que la desarticulación de parte de esa trama del narcotráfico supone conviene no olvidar que subyace un fondo de realidad demoledora: si en tan poco tiempo las aprehensiones de drogas en nuestro país han sido tan espectaculares alarma pensar en la cantidad de estupefacientes que consiguen burlar la vigilancia y llegar a su destino. Cantidades disponibles en el 'mercado' español que explican los inquietantes informes del Observatorio Español sobre Drogas, en los que se recoge la prevalencia del consumo de coca en el 2,7% de los adultos y en el 7,2% en los estudiantes de 14 a 18 años.
Estas operaciones policiales en alta mar vienen a confirmar también que las rutas de grandes cargamentos de cocaína procedentes del otro lado del Atlántico ya no tienen como destino las costas portuguesa y gallega, cada vez más vigiladas, sino las de África. Y desde países de este continente, ribereños del océano, parten cargamentos menores, como los incautados este mes, con menos dificultad para desembarcarlos en el litoral de España y continuar su distribución por el resto del país o hacia el corazón de Europa. Esto último no es cuestión menor, puesto que obliga a modificar o redoblar la vigilancia marítima teniendo en cuenta que las nuevas rutas del narcotráfico pueden solaparse, o asociarse, con las de las mafias de la inmigración procedente del continente africano. En definitiva, un nuevo argumento para la implicación de todos los socios de la UE en el control de su frontera sur, en la que un solo Estado, como España, no puede dar abasto.