LA salud ya no es lo que era. Hace apenas un siglo que nuestros antecesores se morían al borde de la cuarentena.
Y ya me dirán de qué gérmenes se ha de preservar Sofía Sciccolone (o sea, Sofía Loren) cuando ya ha rebasado los setenta.
Hemos crecido en longevidad y en complejidad, que esa es la línea del día y no las curvas de la protagonista de 'Pan, amor y fantasía'.
La Organización Mundial de la Salud definió en 1978 lo que significa estar sano como «un estado de completo bienestar físico, psicológico y social».
No aspiraremos a tanto, pues siempre es posible que te salga una caries. Pero lo que cabe comprender es que resultan insuficientes los termómetros para determinar los grados óptimos de nuestro cuerpo, el cual atiende a razones objetivas, subjetivas, personales e intransferibles.
La transexualidad no es una enfermedad, naturalmente, sino un estado de la naturaleza humana, que podría ser perfectamente saludable.
Y contribuir a garantizarle un espacio social y sanitario es sólo aceptar que las cosas son como son y no como las diseñan los costureros simples.
Cuando nuestros bisabuelos se morían antes de conocer a sus nietos, el recetario era más sencillo. Se cocinaba a los diferentes. El hambre de la ignorancia.