EL gobernador del Banco Central Europeo (BCE) acaba de subir por segunda vez en menos de tres meses los tipos de interés en un 0,25% tras un largo período de tipos bajos con el propósito de anticiparse a la inflación y el incremento de la liquidez en los doce países de la Zona Euro (ZE). Jean-Claude Trichet anunció que la inflación esperada este año en la ZE puede cifrarse en dos o tres décimas de punto por encima del objetivo del 2%, y que la reactivación económica llevaría el PIB a un crecimiento también por encima del 2%. El crecimiento de la masa monetaria en tres puntos por encima del objetivo ha hecho el resto, de tal forma que esta subida de un cuartillo sitúa el tipo del BCE en un 2,5%, y la intervención de Trichet dejó claro que no descartaba más subidas hasta llegar al 3% o 3,5% a lo largo del año.
Desde hace varios años, los tipos de interés han estado, y siguen estando, en un nivel inusualmente bajo, y el cambio de estrategia iniciada por Greenspan y Bernanke al otro lado del Atlántico, y ahora por Trichet en la UE ha sorprendido a algunos analistas. A pesar de las anticipaciones y descuentos, todos los índices bursátiles cerraron ayer a la baja, y las patronales han expresado ya su desagrado porque están en desacuerdo con una política de 'poner la venda antes que la herida'. La cuestión, sin embargo, debería ser examinada más cuidadosamente.
A pocos países vendrá tan bien un ajuste suave de tipos como a España, porque la anterior estrategia del BCE estaba pensada para los países motores de la Unión que entonces tenían poca actividad y baja inflación. Desde un punto de vista español, por lo tanto, se podría pensar que, en ausencia de un Gobierno que liberalice sus mercados internos, una subida suave de tipos puede aliviar nuestro serio problema precios. Es cierto que se encarecerán los pagos de hipotecas, pero no en una cantidad lo suficientemente grande como para causar estragos. El euribor, sigue una tendencia moderadamente alcista, pero la morosidad en los pagos hipotecarios sigue muy baja, y todo parece indicar que estos cambios son asumibles -aunque no agradables- para las familias. Si los tipos ligeramente más altos ralentizan nuestros precios habrá una mejora en los mercados laborales, especialmente en los sectores sujetos a competencia exterior, y podremos decir que estas alzas han sido un toque de atención en vez de un cambio radical de estrategia.