Desde momias egipcias hasta restos neolíticos precolombinos. La tuberculosis es una de las enfermedades con mayor historial en el mundo. De ella, o mejor dicho, de su bacilo, ya hay evidencias en el antiguo Egipto así como de las culturas incaicas, por citar solo algunos ejemplos. También ha sido fuente de inspiración literaria, como bien refleja Alejandro Dumas en su 'Dama de las Camelias', donde la protagonista es una tuberculosa.
Aunque la paternidad es del alemán Robert Koch, que el 24 de marzo de 1882, en el transcurso de una sesión de la Sociedad de Fisiología de Berlín, confirmó que el causante de este mal era el 'mycobacterium tuberculosis', mucho se ha escrito sobre esta enfermedad que a lo largo de los dos últimos siglos llegó a provocar tanto pavor como el cólera o la peste.
3 millones de muertes
Y no es para menos. A pesar de los avances científicos y clínicos, la tuberculosis sigue siendo, hoy en día, una de las patologías más nocivas, sobre todo, en los países pobres, donde se concentra el 75% de los afectados. Y es que tras el virus del sida, el bacilo de Koch es el que más muertes acumula, con tres millones de fallecimientos al año, de los que sólo 40.000 se producen en naciones ricas.
La Organización Mundial de la Salud ha declarado una emergencia global contra la tuberculosis, que confía en erradicar allá por el año 2050. Un poco antes, en 2015, la OMS se plantea reducir su incidencia y mortalidad a la mitad, objetivo que Asturias ha conseguido en los últimos 20 años.
Pero todavía queda mucho por hacer. El Principado, al igual que el resto de España, a pesar de que ha logrado disminuir la cifra de tuberculosos, no sale bien parado en comparación otros países europeos. Así, mientras en España la tasa de incidencia fue de 16,4 casos por cien mil habitantes, en Francia fue de 10 y en Holanda, apenas de 8 por 100.000.