elcomerciodigital.com
Domingo, 5 de marzo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES

GIJÓN
GIJÓN
El adiós del carnaval
Los niños de Roces, disfrazados de ratones, indios y leones, se reunieron para despedirse del antroxu con juegos y una merienda
Todavía colea el carnaval. Las últimas celebraciones del antroxu en Gijón tuvieron lugar ayer, ya iniciada la Cuaresma. Roces reunió a los niños de la parroquia y celebró su antroxu infantil, algo que se ha convertido en toda una tradición en la parroquia. Los pequeños fueron llegando por la tarde al local social luciendo los disfraces y preparados para pasar una tarde de juegos y disfrutar de una chocolatada, atechados y lejos de la lluvia que empezó a caer a media tarde.

Había de todo. Leones, ratones, osos, caperucitas, mosqueperros, abuelitas, indios con su canoa, y un rey llegado desde la Edad Media. Los más pequeños, poco a poco, se olvidaban de sus padres para empezar a jugar y a bailar aunque, al principio, se mostraban más bien tímidos y buscaban a sus mayores como refugio.

Los primeros en llegar, aún el tiempo acompañaba, pudieron disfrutar del prau que rodea a la sede de la Asociación de Vecinos de San Julián de Roces, con la iglesia como fondo. Algunos, subidos a un tronco, emulaban la hazaña del legendario rey Arturo cuando sacó del yunque la espada, Excalibur, que le daría el trono. Otros recorrían la cuesta de entrada en sus triciclos, algunos corrían y otros, simplemente, esperaban.

Pinturas de guerra

Álex llevaba las pinturas de guerra, o de caza, en la cara. Aunque decía que iba disfrazado de indio «porque mi madre me lo mandó», no disimulaba que el disfraz le encantaba. El arco se lo había dejado en casa, las flechas también, pero a cambio, había traído un hacha, aunque no tenía ninguna intención de cortar cabelleras.

«Voy de emperador», explicaba Nicolás. Al ostentar tal título, podría ser Carlomagno, vestía con la cruz en el pecho del jubón morado y la cota de malla plateada, además de un corona. Aunque aseguraba que tenía una espada el arma no aparecía por ninguna parte. La había perdido. De todos modos, no le hacía falta para participar en los juegos que habían preparado para la tarde en la asociación de vecinos de San Julián.

Entre los más pequeños, el disfraz más común era el mundo animal: oso, león, ratón... Cualquier traje que les abrigara. Alguno aprovechaba para merendar mientras se preparaba para empezar con los juegos.

Tras la música que sirvió de animación y los juegos, llegó el momento de la chocolatada y la merienda, que quizás agradecieran más los padres que los pequeños, que ya habían entrado en calor a base de brincar y corretear por el local de la agrupación de vecinos. Era el momento de manchar los disfraces, dejar que el chocolate cayese y embadurnar la cara, en la que se mezclaba ya el oscuro chocolate con los bigotes pintados. Al fin y al cabo era carnaval, la mejor ocasión para hacerlo.



Vocento