LA propuesta de la Fundación Príncipe de Asturias de ubicar el museo dedicado a los Premios Príncipe en Avilés ha suscitado un frontal rechazo del alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, que ha arremetido contra el director de la Fundación, Graciano García, y contra su presidente, José Ramón Álvarez Rendueles, al acusarlos de incumplir con la obligada independencia de la institución que representan para ponerse al servicio de los intereses electorales del presidente Areces. Según Gabino de Lorenzo, fue el presidente del Principado el que decidió la ubicación del futuro museo de los Premios Príncipe de Asturias con el argumento de aportar veinticuatro millones de euros para su construcción. Estas duras descalificaciones han sido contestadas por Areces, que lamentó el intento de anteponer los motivos locales a los intereses generales de la región, y aseguró que el proyecto del museo supondrá una gran derrota para los representantes del «localismo rancio».
El proyecto de constituir un museo dedicado a los galardones es una idea interesante que llevaban tiempo barajando los responsables de la Fundación, para la que habían sopesado distintas localizaciones. La decisión de ubicar el equipamiento en Avilés aporta algunas ventajas, porque hace honor al espíritu de la institución que lleva en su frontispicio el nombre de Asturias, una realidad más amplia y compleja que su capital, la ciudad de Oviedo. Supone un paso en la buena dirección, tras las demandas surgidas desde otras ciudades para ser sedes de los jurados de los premios, y ahonda en la línea seguida en los últimos años por la Fundación de realizar actividades culturales y artísticas en distintas ciudades asturianas.
La decisión llega en un momento especialmente oportuno para Avilés, una urbe que ha conocido como pocas la dureza de las reconversiones industriales de los años ochenta y noventa del siglo pasado, lo que no sólo ha provocado efectos negativos sobre el empleo, sino sobre su identidad urbana, que conoció una época de plata con la constitución de Ensidesa y el tejido industrial levantado al abrigo de la siderurgia, y ha sufrido un golpe en su autoestima al ver cómo se derrumbaban los pilares de su prosperidad. En los últimos años, los avilesinos comprendieron que el nuevo plan de urbanismo, revitalizando su casco histórico y descubriendo las posibilidades de la ría, supone una ocasión única para explotar las posibilidades del sector servicios en la ciudad, ligado a las potencialidades turísticas y culturales. En esa coyuntura se inscribe la localización del museo, que proyectado por el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer está llamado a ser el gran icono del Avilés del siglo XXI.
La colaboración del Gobierno regional con la Fundación Príncipe de Asturias es un acierto porque el impulso de los proyectos de la Fundación representa, por encima de cualquier otra consideración, un beneficio para nuestra región. La respuesta de Gabino de Lorenzo es muy peligrosa al abrir una senda por la que ningún responsable político asturiano había transitado en estos últimos veinticinco años y tratar de socavar la credibilidad de la Fundación Príncipe de Asturias por el método de ligar sus proyectos a los intereses electorales de un partido. A falta de poco más de un año para las elecciones autonómicas y municipales es muy difícil precisar cuándo las decisiones de un gobernante están relacionadas con su horizonte electoral, pero tendrá que aceptar el alcalde de Oviedo que por esa vía resulta mucho más fácil vincular su propio interés de revalidar su mandato municipal con la campaña en contra del presidente Areces y de la Fundación Príncipe de Asturias. Lo que ya supone un despropósito es la iniciativa de la recogida de firmas, y el posterior anuncio de convocar una manifestación que el alcalde encabezaría con su presencia. Resulta preocupante que desde el Ayuntamiento se auspicie una movilización en contra del Ejecutivo autonómico y de la Fundación Príncipe de Asturias. Por desgracia, en nuestra región, enarbolar la bandera de los intereses localistas sigue dando dividendos políticos, y esa es una de las razones de nuestra falta de integración como comunidad autónoma. Es particularmente llamativo que esa bandera se levante desde la propia capital y se utilice en contra de los intereses de Avilés, una villa mucho más desfavorecida en el reparto de equipamientos regionales.
Gabino de Lorenzo ha dicho que Oviedo es el sitio «natural» para ubicar el Museo de los Premios. Cuando se alude a la naturalidad de una decisión es porque resulta difícil su argumentación. La Fundación Príncipe de Asturias no está ligada a una ciudad, aunque no cabe ninguna duda que la solemne entrega de los galardones y la mayor parte de sus actividades se desarrollan en Oviedo, desde su constitución, y nadie sensato puede poner en duda su continuidad. No hay razón para ello ni sería conveniente. Ahora bien, la ubicación de un museo relacionado con la Fundación en otra urbe regional no supone ningún menoscabo para la Fundación ni para Oviedo. En la polémica ha terciado el presidente del PP de Asturias, Ovidio Sánchez, abonándose a la tesis de Gabino de Lorenzo, lo que deja en muy mal lugar al PP de Avilés, que tiene posibilidades reales de optar a la alcaldía. En los últimos tiempos, da la sensación de que cualquier opinión de Gabino de Lorenzo, tanto si tiene que ver con la Sindicatura de Cuentas o con la Fundación Príncipe de Asturias, se convierte en doctrina para el PP de Asturias, lo que no deja de ser otra manera de tomar la parte por el todo.