Aprovechando la bajamar, David del Barrio se acerca cada día a la riosellana playa de Vega desde Arriondas. En su remolque, 'Playa Chica', una hermosa yegua Pura Sangre Inglesa, espera impaciente el momento de empezar a trabajar. Tras los preparativos, jinete y montura se adentran en la arena para comenzar su sesión de entrenamiento. El objetivo: estar preparados para afrontar una intensa temporada de competición en las carreras de caballos y conquistar el madrileño hipódromo de La Zarzuela, uno de los templos en España de esta disciplina deportiva.
A los pocos instantes, una primera vuelta al trote les sirve de calentamiento. A David le cuesta convencer a su yegua de que no lo dé todo en cada sesión preparatoria. «Es por instinto. Ella no distingue si es un entrenamiento o una carrera, si la dejase iría siempre al límite», explica. Tras el calentamiento, el jockey suelta un poco las riendas y 'Playa Chica' comienza a volar sobre las olas. En su máximo esfuerzo, puede alcanzar velocidades cercanas a los 90 kilómetros por hora.
A sus 31 años, David del Barrio echaba de menos la competición. Desde los 9 a los 18, participó en diferentes carreras, cosechando algunas importantes victorias en Madrid o San Sebastián. Desde hace 8 años vive en Arriondas, donde regenta una empresa turística de rutas a caballo. Tras permanecer cerrado por 9 años el madrileño hipódromo de La Zarzuela, la noticia de su reapertura le animó a retomar su carrera deportiva. «Los caballos son como los coches», comparaba. «Si te acostumbras a ir en un Fórmula 1, cualquier otro vehículo te parecerá poco».
Escuela de jinetes
Junto a él, varios criadores tratarán de impulsar esta disciplina en Asturias. «En Abril, nos instalaremos en el Centro Ecuestre El Asturcón de Oviedo para seguir el entrenamiento». Su intención es la de crear allí una escuela de jinetes. «Aquí no hay jockeys, en las competiciones casi todos son de Madrid o San Sebastián», detallaba.
Aunque cada vez es más asequible, este deporte sigue siendo costoso. Un caballo de competición cuesta un mínimo de 6.000 euros y su mantenimiento en temporada de entrenamientos, unos 600 euros al mes. Pero a David, su pasión le puede. Desde los nueve años, monta casi cada día a caballo y ahora quiere volver a volar.