Ana María Suárez, Mercedes Castaño y Bernardita Caravera sólo tienen en común que son mujeres. No se trataría de una gran semejanza si no fuera porque compartir sexo implicó compartir también dificultades. Las tres conocieron la licencia marital, esa que hacía obligatoria la firma del hombre de la casa «para abrir una cuenta bancaria, para comprar, para vender, para todo...», recuerda Ana, que con 53 años es la abogada ejerciente más veterana de Gijón tras haberse colegiado en el año 1977. La falta de independencia fue uno de los mayores inconvenientes que sufrió Mercedes cuando comenzó su actividad empresarial: tiene 61 años y desde los 26 está vinculada al sector textil, cuando «no podías tener patrimonio, porque no eras nada». Una filosofía que recuerda Tita, ama de casa a la que educaron «en un pueblo diciendo que lo importante era el marido». Eso sí, ve el lado positivo: «Ser maruja me ha permitido meterme en muchos fregaos»: participó en movimientos vecinales y ahora es presidenta de Mujeres Vecinales de Asturias.