Fernando Alonso llegó a Manama y, después de darse un paseo y visitar el fuerte de la ciudad antigua, se fue por primera vez al circuito, donde tuvo una reunión con los ingenieros previa a la vuelta que dio con las mangas de su camiseta bien levantadas, bajo un sol de justicia. Esta vez había menos gente con el asturiano, que imprime un ritmo endiablado, haciendo sudar a quienes le acompañan. «Nos va a matar, no quiero pensar lo que va a ser en Malasia con la humedad que hay allí», comentaba el ingeniero responsable de los motores en Renault, al concluir, a duras penas, los 40 minutos de caminata.