La duda razonable permanecía instalada en el subconsciente del aficionado que, como un clavo, tenía plaza reservada en el sillón a las doce y media de la mañana. ¿Qué Alonso se iba a encontrar? ¿El indomable conquistador que ha elevado la F-1 a los altares? ¿El tajante piloto que conduce un buen coche? ¿Un campeón con un buen márketing que tuvo una temporada excelsa? ¿La mezcla de todas las incógnitas aderezada con la pujanza de sus rivales? Flotaba en el ambiente del desierto una nube de cuestiones que escuderías y pilotos tenían la urgencia de resolver. La cuestión quedó clara 160 minutos después. Guarden sitio los domingos, agarren las abrazaderas y expriman este mundo de gasolina y secretos. Fernando estrenó su título con una electrizante victoria.