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Lunes, 13 de marzo de 2006
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MOTOR
 Actualizado: 12.08 p.m.
 
EDICIÓN IMPRESA
 
CAMPEÓN. El Renault del ovetense, que levanta las manos, cruza la línea de meta por delante del Ferrari del heptacampeón Michael Schumacher en el circuito de Sakhir. / EFE
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La duda razonable permanecía instalada en el subconsciente del aficionado que, como un clavo, tenía plaza reservada en el sillón a las doce y media de la mañana.
 
Fernando Alonso hizo todos los gestos de su repertorio al término de un gran premio que significó su novena victoria en el Mundial. Los pajaritos de 'El Chavo del ocho', que estrenó en su primera victoria en Hungría, y, dedicado a su familia, especialmente a su abuela, alzó el puño emocionado. Remató la faena subido en el Renault, haciendo el típico gesto de los toreros cuando dobla el toro, y también uno que no se pudo ver por televisión, como que clavaba las banderillas.
La enésima avería de Fisichella no empaña la lección de Fernando, del R26 y del equipo Renault, que, en esta ocasión, respondió con acierto a la máxima exigencia.
El secretismo en el que se mueve Ferrari había aumentado las dudas sobre sus bólidos. Afortunadamente, el 248 F1 ha demostrado que está ahí por méritos propios.
Visto lo visto, el tercer y quinto puestos logrados por la escudería de Ron Dennis suenan a gloria, porque en Bahrein han vuelto a sufrir los mismos problemas del año pasado.
 
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